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La contaminación radioactiva

Publicado en:
Energía, Energía nuclear
22 Agosto de 2012

La energía nuclear se ha convertido desde su descubrimiento, por causa de su peligrosidad, en una de las mayores preocupaciones para la comunidad internacional y los diferentes grupos defensores del medio ambiente. Aunque la producción de esta energía sea una de las más baratas en la actualidad, mucho más que las energías fósiles, tiene problemas añadidos más que evidentes en el tratamiento de sus desechos, en la contaminación producida por accidentes y en las pruebas realizadas en su aplicación militar. Pero ¿cuáles serían los eventuales riesgos en caso de contaminación radioactiva?, y ¿cuáles sus efectos para el medio ambiente y la humanidad?

Contaminación radioactivaCuando hablamos de contaminación radioactiva, hablamos de sustancias o elementos derivados de la energía nuclear o de radiaciones ionizantes presentes tanto en el aire, como en suelo y el agua; este efecto se produce por el uso de sustancias radioactivas de origen natural o artificial que son perjudiciales para la salud del hombre y de los seres vivos.

La contaminación radioactiva directa para el ser humano es casi imposible, a menos de un accidente o guerra nuclear. En cualquiera de estos dos casos su efecto alcanza la atmósfera, y, desde allí, las partículas radioactivas se esparcen a través del viento hacía el agua y el suelo. Una vez que llega a los acuíferos y al sustrato del suelo, la radiación contamina los cultivos, deteriora ecosistemas y va ocasionando en el hombre y en otras especies animales degeneraciones genéticas y enfermedades incurables, como el cáncer. Una contaminación “radiactiva indirecta” comienza depositándose en el suelo y en el agua, luego se sitúa en cultivos, pasa a los animales y finalmente al hombre, el eslabón final de la cadena alimenticia.

 El radiobiólogo español Eduard Rodríguez-Farré considera que si se produjera la liberación de grandes cantidades de material radioactivo al medio ambiente podrían esparcirse “más de 60 contaminantes, unos de vida larga y otros de corta, que se acumularían en el medio ambiente, por ser parecidos a nuestros elementos biológicos”. Estos desechos contienen nucleoides inestables que se desintegran espontáneamente y emiten radiaciones electromagnéticas que afectan gravemente a corto y a largo plazo. El estroncio, el yodo, el uranio, el radio, el cesio, el plutonio y el cobalto son reconocidos como los contaminantes radioactivos más comunes.

Podríamos decir que las principales fuentes de contaminación nuclear se encuentran en el sector industrial y militar y en menor medida manan de accidentes durante la extracción de materiales radioactivos y su posterior manipulación. 

Aplicaciones y fuentes de contaminación nuclear

En lo referido a su aplicación civil, las plantas nucleares productoras de energía, así como otras industrias que aplican esta energía para la producción de bienes de consumo, está bastante regulada, aunque no exenta de accidentes, y sus emisiones residuales a la atmósfera están controladas por los estados, la Agencia Internacional para la Energía Atómica y la Organización Mundial de la Salud. Su  principal problema continúa siendo la generación de residuos y su almacenamiento.

El otro campo de aplicación de la energía nuclear está en el ámbito militar. Éste es muy cuestionado por la opinión pública debido a su extrema peligrosidad, ya que las pruebas de bombas atómicas que, durante mucho tiempo fueron efectuadas en altitud, hoy siguen realizándose bajo tierra. Además del peligro que suponen estas pruebas, también están los restos de blindajes de tanques con  uranio empobrecido abandonados después de haber sido destruidos o el uso de misiles con uranio empobrecido, lanzados en las últimas guerras de Iraq y la antigua Yugoslavia.

Otras formas de contaminación la encontramos en la propia manipulación y como consecuencia del empleo de la energía nuclear  y de materiales necesarios para lograrla, caso del uranio y plutonio, que dañan el medio aéreo, acuático y terrestre. La contaminación nuclear puede ser producida por explosiones atómicas, de desechos radiactivos de hospitales, centros de investigación, laboratorios y centrales nucleares y, ocasionalmente, de los escapes radiactivos.

En caso de escapes de material radioactivo la AIEA ha desarrollado un protocolo de actuación que pasa por la movilización de especialistas e ingenieros que determinan a través de la aplicación de modelos atmosféricos y meteorológicos  adecuados a cada región cómo se dispersará el material radioactivo y el grado de contaminación existente en el aire. Si la contaminación afectara al subsuelo y acuíferos, la  agencia de la ONU determina las fuentes de agua afectadas, así como cultivos y animales en aras de mantener a la población alejada de los agentes contaminantes. Además, se realiza un conteo de población permanente e itinerante en el caso de que la contaminación sea insoportable para los seres humanos y deban ser evacuados.    

Los accidentes nucleares no son muy frecuentes, pero cada vez que suceden nos dan un baño de realidad sobre los peligros que suponen. Los más sonados han sido Chernobyl en 1986 y, el más reciente en Fukushima -2011-. El primero y más importante por su repercusión medioambiental, expulsó a la atmósfera material radioactivo 500 veces superior al expulsado durante la explosión de Hiroshima, causo la muerte directa de 31 personas, 600.000 recibieron dosis de radiación durante los trabajos de descontaminación, 5.000.000 vivieron en áreas contaminadas y 400.000 en áreas gravemente contaminadas, hasta hoy no existen datos concluyentes sobre la mortalidad real del accidente. Además, entre el 15 y el 20% de las tierras agrícolas y de los bosques de Bielorrusia están tan contaminados que no se podrán usar durante los próximos cien años.  Después de estos accidentes la opinión pública es contraria a la construcción de nuevas centrales nucleares. En Francia luego del accidente en Chernobyl se elevó a un 59% la cifra de los opositores a las centrales, cuando antes casi no existían detractores.

Pero si las consecuencias medioambientales son nefastas, los daños que producen los agentes contaminantes en el ser humano son terribles. Las partes más sensibles del organismo son: la piel, los ojos, ciertos tejidos y las glándulas genitales.  Además de los daños  al sistema nervioso (trastornos neurológicos), al aparato respiratorio (bronquitis, laringitis, asma, etc.), manifestaciones cancerígenas e incluso alteraciones genéticas.

Los accidentes nucleares pueden ocurrir y nos enseñan que este tipo de energía tiene riesgos altísimos que no siempre podemos controlar. Podríamos vivir sin ella,  pero nunca sin un medio ambiente sano, tenemos la tecnología para producir energía menos contaminante y evitar de modo permanente el peligro de un posible accidente nuclear.   

Fuentes: Twenergy / pub.iaea.org / rebelion.org / IAEA / Wikipedia / Flickr

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1 COMENTARIOS ¡ESCRIBE EL TUYO!

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    Kungan

    Estupendo texto sobre los peligros de la energía nuclear, que nadie se acuerda de ellos excepto cuando se produce algún accidente.

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