Una iniciativa de Endesa por la eficiencia y la sostenibilidad

El aislamiento térmico, una de las claves del ahorro energético

Carolina Gonzalez Miranda

La rehabilitación térmica de un edificio puede traducirse en un ahorro de energía de hasta un 50%. Uno de los aspectos clave de esta rehabilitación son las ventanas: cristales más modernos y de alto aislamiento térmico pueden reducir hasta en un 25% las pérdidas de calor.

El 50% de los edificios residenciales de nuestro país fueron construidos antes de que se aplicará la primera normativa que regulaba el aislamiento térmico de las construcciones, que data de 1979. Eso quiere decir que su consumo energético es muy alto y que la mitad (hasta el 70%, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Materiales Aislantes) de nuestras casas, pisos y hoteles sufren pérdidas de calor en invierno y entrada de calor en verano. Son, por tanto, grandes depredadores de energía y grandes contaminantes atmosféricos por sus altas emisiones de CO2. ¿Pero por dónde pierden calor los edificios? Pues sobre todo a través de las ventanas, el punto térmico más débil de una construcción, el lugar por donde se escapa la calefacción y por donde entra el sol estival.

Mejorar el aislamiento térmico no es sólo una cuestión de eficiencia energética (y medioambiental, ya que disminuyen las emisiones de CO2), también lo es de eficiencia económica: las rehabilitaciones térmicas pueden representar un ahorro de energía de entre el 20 y el 50% según los casos, apunta la Asociación Nacional de Fabricantes de Materiales Aislantes. Esta rehabilitación térmica puede incluir aislamiento térmico en las cubiertas y muros, ventanas más eficientes, aislar térmicamente las tuberías, etcétera. Sin ir más lejos, si nuestra vivienda tiene buenos cristales, podemos ahorrar hasta entre un 8 y un 25% de energía, aunque esto depende también de otros factores, como la calidad de los muros, la cantidad de ventanas, o incluso la ubicación del edificio.

“Muchas de estas instalaciones [las anteriores a 1980] disponen de vidrios monolíticos, vidrios de una hoja, o un doble acristalamiento muy básico”, nos explicaba Eduardo de Ramos y Vilariño, director del CITAV (Centro de Información Técnica de Aplicaciones del Vidrio) - Saint Gobain, con quien tuvimos un encuentro sobre el aislamiento térmico gracias a los vidrios que se fabrican hoy en día, especialmente en el sector hotelero. “El vidrio monolítico”, sigue, “representa entre ocho y nueve veces las pérdidas que se producen a través del muro, por lo que mejorar ese acristalamiento rebajando sus pérdidas térmicas en un 70% va a repercutir sensiblemente en la eficiencia y en la factura energética que va a pagar el hotel en el conjunto de un año”.

 

Según nos explicó Eduardo, “el hotel es un edificio como cualquiera que estamos acostumbrados a habitar, y un cambio de ventanas es relativamente sencillo, una intervención de poca entidad, que se puede llevar a cabo en una misma jornada”. En muchos casos, además, rehabilitar esas ventanas para un mejor aislamiento sólo tiene que ver con el vidrio. “Donde hay instalada una carpintería de ventana que ya está dotada de doble acristalamiento (si es de buena calidad y está en buen estado), sólo es necesario un cambio de acristalamiento”, explica.

Saint Global propone soluciones adaptadas para la eficiencia energética de los hoteles, “aumentando su capacidad de aislamiento térmico hasta un 80% respecto al vidrio de una hoja, el vidrio simple, y reforzando aspectos de control solar, impidiendo el recalentamiento del interior de las habitaciones. Con esto se consigue mayor eficiencia energética, al disminuir la demanda de energía para calefacción y refrigeración”, comenta su director.

¿Cuánto es el ahorro que podría conseguir un hotel si cambiara sus ventanas por otras con mayor aislamiento? “Cuantificar el ahorro económico es difícil”, comenta Eduardo, “puesto que dependerá de la estructura del hotel. Hay hoteles rurales, con pocas ventanas, muy asimilables a una vivienda unifamiliar, y hoteles con más de 600 o 700 ventanas, por lo que su pérdida energética es considerable. Y hay hoteles donde algunas de sus zonas son auténticos muros-cortina, donde el aislamiento es definitorio de las propiedades del envolvente. Podemos estimar que se puede ahorrar entre el 8 y hasta el 25% (algunas veces más) de energía, aunque depende de cada edificio”.

Fuentes: Encuentros Twenergy | Asociación Nacional de Fabricantes de Materiales Aislantes

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