Una iniciativa de Endesa por la eficiencia y la sostenibilidad

Londres revoluciona la arquitectura sostenible con un rascacielos orgánico

¿Por qué no construir un gigantesco rascacielos con desechos y, a medida que los trabajadores de las oficinas en su interior generen más basura que el edificio vaya creciendo? No es ciencia ficción, sino una variante de la arquitectura sostenible de la que venimos informando.

 

La idea todavía no se ha llevado a término, sólo es un proyecto cuyos bocetos ya han sido publicados por un grupo de arquitectos parisinos (Chartier-Corbasson). No deja de ser curioso que, dada la rivalidad entre ingleses y franceses, éstos últimos hayan elegido la capital británica como sede del Rascacielos Orgánico (como ha sido bautizado), en concreto en el área de Shoreditch High Street, una de las más alternativas de la ciudad (con muchos cafés orgánicos y restaurantes vegetarianos).

 

La altura original de este edificio sostenible sería aproximadamente la mitad de su altura final, pues a medida que los empleados de las oficinas fueran generando residuos el rascacielos iría creciendo. Se trata de un nuevo giro de tuerca en los objetivos de sostenibilidad, procesando y reciclando in situ todos los desechos, tomando como inspiración los andamiajes de bambú que se utilizan en algunos países asiáticos.

La forma proyectada recuerda al del reciente Sharp de Londres, con una organización piramidal en la que los ascensores generan espacios que bien pueden emplearse para salas de conferencias, gimnasios, restaurantes, exposiciones... culminando, como ya sucede en el caso de Sharp, con una plataforma de observación en su punto más alto (cada vez más alto, con estos criterios de construcción).

Cada una de las plantas se levantaría con una red entrelazada de tubos y materiales de construcción a base, fundamentalmente, de desechos de papel reciclado y botellas de plástico. Los arquitectos están convencidos de que cada trabajador podría generar suficiente residuos de papel y plástico como para construir suficientes paneles aislantes para cubrir las nuevas plantas. Según sus cálculos, un solo empleado podría desechar al año unos 75 kilogramos de papel y unas 80 botellas de plástico.

En los primeros diseños, los arquitectos tampoco han querido descuidar la eficiencia energética y, así, los tubos metálicos de la estructura del edificio están huecos y albergan en su interior aerogeneradores con los que aprovechan el nada despreciable potencial eólico de un rascacielos en Londres.

La idea está más madura de lo que parece y, de hecho, sus promotores ya andan buscando inversores que financien el que podría convertirse en nuevo referente del reciclaje y la arquitectura sostenible. ¿Cuándo estará listo? Nunca, responden los arquitectos, pero no tanto porque sean pesimistas sino porque, a fin de cuentas, será un edificio vivo, orgánico, que crezca tanto como reciclen sus residentes. Sería un edificio sostenible en construcción que ni siquiera requeriría de grúas.

 

Fuentes: Daily Mail | Wired | Tumblr

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