Una iniciativa de Endesa por la eficiencia y la sostenibilidad

Marcas sostenibles, más que una etiqueta

Almudena Martín

“Ecológico”, “biodegradable”, “producción sostenible” o “cero emisiones” son algunos de los términos que relacionamos con el consumo responsable y que promueven la compra y uso de productos sostenibles. Los vemos a diario, en mercados y grandes almacenes, y a veces su visibilidad cobra más protagonismo que las propias marcas. ¿Son una actitud, una prueba de que algo está cambiando? Si hablamos de sellos que realmente velan por la sostenibilidad social y ambiental, la respuesta es sí, algo está cambiando.

Lamentablemente el desconocimiento de lo que hay detrás de las marcas sostenibles hace que el consumidor dude a la hora de interpretar el significado de cada término. En ocasiones, existe un marketing agresivo que busca vender bajo el paraguas sostenible y que puede desorientar fácilmente al consumidor. De ahí la importancia de la transparencia y la información clara que ayude a discernir al comprador de que marcas y etiquetas son o no fiables cuando hablamos de sostenibilidad.

Consumo responsable vs consumismo

Las etiquetas ecológicas van muy ligadas al consumo responsable. ¿Pero qué supone realmente esta forma de consumir? La respuesta es sencilla: es una forma de comprar que va más allá de satisfacer una necesidad personal. El consumo responsable tiene muy en cuenta el impacto ambiental del producto o servicio en todo su ciclo de vida. Es decir, el consumo responsable se preocupa por las formas de producción, la huella de carbono, el impacto del transporte y la distribución, el consumo en sí mismo e incluso los residuos que genera el producto al final de su vida útil. El consumo responsable va muy ligado a lo que se conoce como “las compras verdes” que buscan productos que conservan los recursos naturales, ahorran energía, no despilfarran agua y minimizan los desperdicios.

El consumo responsable es todo lo opuesto al consumismo que vive gran parte de la sociedad de los países desarrollados. Es una nueva forma de comprar que pretende diferenciarse de esa filosofía de usar y tirar que se deja llevar por la publicidad y los impulsos y dar como resultado una compra desmesurada y sin reflexión. El consumo responsable aboga por compras más “inteligentes” y exige un cambio de hábitos en la vida diaria de los consumidores que responda a necesidades auténticas. Compras que no sólo tienen en cuenta el cuidado del medio ambiente, sino también la igualdad social y los derechos humanos de las personas que participan en la producción de este producto o servicio. De esta manera, el consumo responsable promueve productos más duraderos en el tiempo, de un mayor calidad y un menor impacto ambiental.

Las etiquetas ecológicas

A la hora de elegir un producto, las etiquetas ecológicas se convierten en las mejores aliadas del consumidor. Cada sector tiene sus propias certificaciones, todas ellas fundamentales para identificar cuándo estamos ante una compra sostenible o no. Las cinco más importantes son:

  1. La Etiqueta Ecológica de la Unión Europea. “Un sistema fiable, transparente y no discriminatorio válido en toda la UE”, así se define esta etiqueta ecológica creada en 1992 y reconocida por la Comisión Europea para aquellos productos cuyo impacto ambiental es mínimo durante todo su ciclo de vida. Se representa con una flor de tallo verde con la letras “e”, las estrellas de la bandera de Europa y el nombre “EU Ecolabel”. Una de sus grandes fortalezas es que es una etiqueta reconocida a nivel europeo, muy rigurosa y que exige que los productos que la lleven estén sometidos a un control en laboratorios independientes que se actualiza de forma periódica cada cinco años.

 

  1. La Euro-hoja. Con forma de hoja y luciendo las estrellas de la UE sobre fondo verde, la Euro-hoja es otra de las etiquetas sostenibles a tener en cuenta cuando buscamos alimentos ecológicos. Con la idea de unir Naturaleza con Europa, esta etiqueta distintiva certifica el origen ecológico de los productos alimenticios. De esta manera, encontrar una Euro-hoja en un producto nos da la seguridad de que al menos el 95% de sus ingredientes son de origen ecológico, además de garantizar su procedencia de la agricultura y ganadería ecológica donde se controla el bienestar animal. La Euro-Hoja nos da la seguridad de que el alimento procede en un envase cerrado y sellado directamente del productor o del transformador, los cuales están claramente identificados, así cómo el órgano de inspección que se encarga de evaluar el producto cada año. Por otro lado, este sello europeo excluye a los productos que han sido modificados genéticamente, los que llevan aditivos, colorantes u otras sustancias artificiales y los que han utilizado fertilizantes, pesticidas y otros químicos durante su producción.

 

  1. Sello FSC. Esta certificación es uno de los estándares más exigentes en la gestión responsable de los bosques. Gestionada por Forest Stewardship Council, una entidad internacional independiente sin ánimo de lucro, este sello garantiza que el producto de origen forestal que estás comprando –ya puede ser madera, papel, corchos, resinas, etc- cumple con unos criterios ambientales basados en una explotación de los bosques de baja intensidad. Y no sólo eso, el sello FSC también tiene en cuenta el respeto por las condiciones de trabajo de las pequeñas comunidades de propietarios y pueblos indígenas cuyo modo de vida dependen directa o indirectamente de las explotaciones forestales. Es una apuesta por la sostenibilidad ambiental, social y económica de las explotaciones forestales que lucha contra amenazas ambientales como tala ilegal de los bosques o la obtención de madera talada en zonas de Alto Valor de Conservación, al mismo tiempo que no olvida los derechos humanos de la gente que vive de ello.

 

  1. Eco etiqueta MSC. Al igual que el FSC es la etiqueta que garantiza la gestión sostenible de los bosques, la MSC (Marine Stewardship Council) lo hace de los productos del mar identificando aquellos que proceden de la pesca sostenible. Con el reto de cuidar y conservar los océanos, este sello ecológico de color azul informa a los consumidores de que la captura del pescado o marisco que tienen ante ellos se ha hecho en base a unos criterios ambientales que luchan contra la sobreexplotación de los recursos pesqueros y el colapso de las pesquerías. Es una etiqueta que se aleja de las prácticas destructivas e ilegales que ponen en peligro la conservación de nuestros mares y la forma de vida de miles de personas en todo el mundo que viven de estos recursos. Consumir pescados y mariscos con certificación MSC incentiva a pescadores, auicultores y mariscadores a llevar a cabo su labor de una forma más sostenible.

 

  1. GOTS. El sector textil también tiene sus propios sellos ecológicos. Uno de los más importantes es el Global Organic Textile Standard (GOTS), toda una garantía de que los tejidos que forman la prenda llevan consigo una responsabilidad ecológica y social. Es un sello que aparece sobre todo en prendas elaboradas con fibras textiles de origen orgánico. Por una parte, garantiza que la explotación ganadera o el cultivo de dónde se han obtenido las fibras está libre de tóxicos, semillas transgénicas y fertilizantes químicos de todo tipo. Además, su presencia nos da la seguridad de que las condiciones laborales de los trabajadores que han intervenido en esa prenda son buenas, sin sobreexplotación ni trabajo infantil.

Cómo elegir un producto sostenible

Como hemos visto, lo primero en lo que hay que fijarse a la hora de comprar un producto sostenible es en el tipo de etiqueta que lleva.  Debemos huir de aquellos productos cuyo marketing explota gratuitamente términos como “bio, natural o ecológico” y que fácilmente pueden llevarnos a confusión. La máxima garantía de que un producto es sostenible nos la da un sello ecológico reconocido que ha superado los controles pertinentes.

Con todo, la compra sostenible no sólo implica llegar al mercado o a un gran almacén y echar en el carro un cuaderno que lleve el sello FSC o un paquete de mejillones con la etiqueta ecológica MSC. Hay que ir más allá. Se necesita un cambio de actitud a la hora de comprar que deje a un lado el consumismo al que estamos acostumbrados. Hay que pararse a pensar si realmente necesitamos adquirir tantas cosas materiales, en lugar de reciclar y reutilizar las que ya tenemos.

Comprar de manera responsable conlleva una reflexión personal, que va desde la alimentación, la cosmética, la ropa que nos ponemos o el medio de transporte que utilizamos para ir al mercado o a la tienda. Es importante ser conscientes de que vivimos en un planeta cuyos recursos naturales están siendo sobreexplotados para satisfacer nuestras necesidades. Y con esa idea en la cabeza, debemos tomar decisiones que sean justas para todos.

Fuentes: Elaboración propia / Consumer / Facua / MAPAMA

Recomendación musical: Carlos Vives, al filo de tu amor

 

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