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Beneficios de consumir pollo ecológico frente al convencional

Una de las carnes más saludables que podemos aportar a nuestra dieta es la de pollo. Asado, a la plancha, a la parrilla, cocinado con hierbas… con cualquier receta, el pollo es una carne nutritiva, deliciosa y una buena alternativa a las carnes rojas. Si además el pollo es de origen ecológico, sus beneficios se multiplican.

Comer pollo es una buena forma de incorporar proteínas y nutrientes con un bajo contenido de grasa en nuestra dieta diaria. Pero no toda la carne de pollo es igual: no es lo mismo una pechuga de un pollo industrial, que una proceden de un animal de crianza ecológica. Al igual que ocurre con los huevos, hay una serie de requisitos que cumplir para que la carne de pollo tenga el sello y certificado de ecológica.

Los pollos ecológicos siguen una alimentación más natural que los industriales. Se les alimenta con piensos y grano de cultivo ecológico. En su dieta no se incluyen hormonas de crecimiento, lo que hace que los animales tarden más tiempo en alcanzar el peso óptimo para su consumo. Al menos tres meses necesita un pollo ecológico para alcanzar su peso ideal, frente a los 40 días que tarda un pollo criado de forma industrial.

El peligro de que los animales reciban en su alimentación hormonas y estrógenos para acelerar su engorde es que éstas pasan al organismo humano a través de la carne. El pollo ecológico tampoco recibe antibióticos. En caso de enfermedades, los animales son tratados con métodos homeopáticos. Y sólo en casos extremos, se les permite un único antibiótico en su vida.

No sólo la alimentación del animal marca la diferencia. También su estilo de vida. El pollo criado en un entorno ecológico donde no hay cabida para productos químicos ni fertilizantes, tiene una forma de vida mucho “humana”. El pollo vive como mínimo 81 días de vida, descansa ocho horas al día sin luz artificial y vive al aire libre, en naves con entradas y salidas abiertas para que campe a sus anchas. Esta manera de vivir hace que los animales sea más musculosos y menos grasos, dando lugar a una carne más firme, sabrosa y saludable.

En cuanto el precio, al igual que ocurre con otros productos y carnes ecológicas, los costes de esta crianza respetuosa con el medio ambiente son mayores que los industriales, lo que hace que encontremos en el supermercado precios más altos junto al sello ecológico. Eso sí, la calidad y el sabor compensan los euros de más.
 

Fuentes: carneecologica.net

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