Una iniciativa de Endesa por la eficiencia y la sostenibilidad

Smart City, hacía una vida urbana más fácil

David Bollero

Una ciudad inteligente, o Smart City, como ya es habitual referirse a ellas, es un gran sistema de sistemas. Permite gestionar un ecosistema integrado de procesos que sería imposible abordar de forma individualizada. En realidad, esta complejidad busca hacernos la vida más fácil respetando el medio ambiente y, precisamente por ello, es un proceso vivo de continua mejora.

Esta eficiencia de servicios públicos se traduce, bien en rebajas de los impuestos municipales, bien en el aprovechamiento de esos ahorros para la mejora o puesta en marcha de nuevos servicios que atiendan las necesidades ciudadanas.

Las ventajas que trae consigo este nuevo modelo son muy diversas y algunas de las más claras podemos encontrarlas en nuestra movilidad. Gracias a la tecnología que se encuentra tras una Smart City es posible realizar una gestión mucho más eficiente del tráfico rodado, lo que evitará al ciudadano padecer grandes embotellamientos. Además, permite saber con mayor precisión dónde hay plazas de aparcamiento libres una vez que haya finalizado su trayecto.

Al mismo tiempo y si de lo que hablamos es de usuarios de transporte público, los sensores que éste tiene implementados nos podrían avisar si el próximo autobús viene con retraso y si llegará a nuestra parada muy lleno. Todo ello accesible en las propias marquesinas de autobús o en la pantalla de nuestro teléfono móvil.

Y es que el móvil juega un papel fundamental en el ecosistema de una Smart City porque se ha convertido en la llave de acceso a muchos de los servicios. ¿Se imagina poder recibir en su smartphone mensajes personalizados con los niveles de los alérgenos que le afectan antes de salir de casa?

Por otro lado y en cuanto al trato con la Administración se refiere, las ciudades inteligentes pueden ser decisivas a las hora de mejorar los tiempos de espera en las oficinas municipales o, incluso, a ayudar a reducir las colas en los centros de salud, optimizando así la atención al ciudadano.

No se trata de ciencia ficción, ya disponemos de una larga lista de ejemplos reales de Smart City. Uno de los últimos, Armaçao dos Búzios, en el estado de Río de Janeiro, donde sus residentes pueden disfrutar de tarifas eléctricas diferenciadas de acuerdo con el horario de consumo, de sistemas de alumbrado público más sostenible (lámparas de LED con puntos de luz telegestionados) o con duchas eficientes en las playas de Manguinhos y Geribá.

También en España ciudades como Barcelona o Málaga son punteras en esta optimización y, así, sus ciudadanos ya disfrutan de la integración óptima de las fuentes renovables de energía en la red eléctrica, de una red de telecontadores que ayudan al ciudadano a conocer y optimizar su consumo, aumentando la capacidad de previsión o el impulso del coche eléctrico, entre muchas otras ventajas.

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Fuente: Flickr

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1 Comentario
Big

Si los cambios están bien enfocados está claro que son muy necesarios.

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