Una iniciativa de Endesa por la eficiencia y la sostenibilidad

Cómo reducir al máximo el consumo de la cocina eléctrica

David Bollero

La mitad de los edificios nuevos son 100% eléctricos y entre todos los artefactos eléctricos destacan las cocinas, que totalmente apagadas pueden consumir 3,1ºW con un 4 por ciento de factor de potencia, es decir, que tiene un consumo vampiro, como se denomina.

Aunque una de las grandes ventajas es que evitan las pérdidas de gas –y sus peligros-, pero es importante tener en consideración el consumo de estas cocinas eléctricas.

La primera medida que hay que adoptar es la responsabilidad y no ser descuidados en el uso, puesto que en ocasiones se mantienen encendidas hornallas que no se están utilizando (en lugar de apagarlas antes de tiempo y aprovechar su calor residual) o, incluso, utilizar el calor que desprenden para otros usos que no son el de cocinar. Ligado a estas cocinas aparece el horno, que también consume mucha electricidad y a veces se deja encendido, incluso, después de haber terminado.

En segundo lugar, si queremos reducir el tiempo que lleva calentar la comida, hemos de reparar en que la olla o la sartén han de estar centradas en la hornada, sin que se sobresalga del radio de la olla la radiación infrarroja de la cocina eléctrica. Siempre es preferible encender un fuego más pequeño,  de una radio inferior al del utensilio de cocina que estemos utilizando para cocina y, de ese modo, no habrá fugas de calor por los extremos.

Otra de las medidas que podemos adoptar de manera muy sencilla y que nos ayudarán a reducir el consumo de las cocinas eléctricas, es tapar el recipiente con el que estemos cocinando. Con esta simple operación podemos o bien reducir el tiempo a igual potencia o bien mantener el tiempo, pero con menos potencia de fuego y, por tanto, con menor consumo eléctrico.

Vemos, por tanto, que las dimensiones y el tipo de utensilios de cocina que empleamos impactan directamente en el consumo de las cocinas eléctricas. En esa línea, lo más recomendable no sólo es que el fondo de estos utensilios sean difusores del calor, sino que sea perfectamente plano. De no ser así, podrían producirse bolsas de aire caliente que provocar un calentamiento incorrecto o, incluso, una fractura del cristal cuando se libere ese aire con mayor temperatura.

Por otro lado y en lo que al consumo de las cocinas eléctricas se refiere, también es importante considerar que existen diferentes tipos y, en función de ello, distintos consumos de electricidad. De esta manera, las cocinas de inducción arrojan una eficiencia energética del 90 por ciento, frente a las halógenas, con un 60 por ciento, o las eléctricas, con un 55 por ciento. A la cola, las de gas, que ni siquiera llegan al 50 por ciento, ancladas en el 40 por ciento.

¿Cómo se mide esta eficiencia? Basta medir lo que se tarda en llevar al punto de ebullición dos litros de agua: mientras que con una cocina de gas son precisos más de 8 minutos, con una de inducción ni siquiera se necesitan 5 minutos.

 

Fuentes: Nergiza | Ahorrar energía | La voz

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