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Biodiversidad en la Argentina: el volcán de Lanín

David Bollero

El volcán Lanín, con sus 3.776 metros de altura sobre el nivel del mar, es uno de los tesoros naturales de la Argentina. Una atalaya desde que la se pueden admirar otros volcanes del cordón de fuego chileno (Llaima, Villarrica, Quetrupillán...) y multitud de lagos (Tromen, Quillén, Huechulafquen y Paimún). Un paisaje en plena cordillera patagónica al alcance de los amantes del turismo de aventura.

El volcán Lanín se encuentra en el sudoeste de Neuquén, justamente en el límite con Chile. Con sus nieves eternas de la cima, este gigante tiene la cualidad de ser un reto para los escaladores pero, al mismo tiempo, una agradable experiencia para el turista medio sin grandes conocimientos en montañismo.

Este volcán apagado de forma cónica recuerda al monte Fují en Japón, con una cumbre cubierta con un glaciar cuyas paredes alcanzan los 80 metros de altura. A pesar de que en los alrededores todavía se detecta actividad volcánica en termas como las de Epulafquen o las de Queñi, lo cierto es que es un volcán extinguido y su cráter está sepultado bajo un enorme manto de hielo permanente.

Aunque siempre es recomendable realizar la ascensión acompañado de un guía nacional de montaña habilitado por el Parque Nacional que lleva el mismo nombre que el volcán, lo cierto es que la ruta que conduce al paso fronterizo conocido como Tromen o Mamuil Malal es apta para todos los públicos a partir de 14 años.

Basta tener una buena condición física para emprender una pequeña aventura de dos largas jornadas de trekking con 15 minutos de descanso cada hora, cargados con una mochila de unos 15 kilogramos. A medida que avanza la ruta, los paisajes que se vislumbran son extraordinarios, así como las rocas mismas que se pisan, cuyas edades es difícil de distinguir por las sucesivas erupciones del pasado.

La segunda de las jornadas hacia el volcán Lanín, que comienza entre las dos y las tres de la madrugada para contar con las horas de luz suficientes para subir y bajar, es una de las más bellas. Calzados con los grampones -a partir de los 2.600 metros hay hielo-, los excursionistas arrancan la caminata maravillados por el cielo estrellado para terminar presenciando un amanecer indescriptible. En ocasiones, incluso, uno repara en que la noche se había nublado, pero las nubes están más abajo que el camino.

Las escaladas organizadas por esta ruta arrancaron hace ya 18 años y su relativa facilidad –dificultad técnica baja o media- han propiciado que el turismo sea muy elevado. Por este motivo, es labor de todos impulsar el turismo sustentable y ecológico en el volcán Lanín para que este gigante ubicado a unos 60 kilómetros de Junín de los Andes no se vea perjudicado.

Además, si lo que queremos es coronar su cumbre, lo más recomendable es no confiarse y contar con una buena preparación, dado que incluso los más expertos sufren percances. El pasado mes de agosto, un esquiador español perdía la vida al caerse y recibir diversos golpes mientras escalaba sobre la cara norte del volcán Lanín, en la zona de glaciares.

Fuentes: Patagonia.com | Telam.com | Sanmartinandes | Noticiasnet.com.ar | Flickr

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