Una iniciativa de Endesa por la eficiencia y la sostenibilidad

Diez secretos para cocinar rico y eficiente, ¡buen provecho!

La ecología es un modo de vivir y de consumir que puede desarrollarse también entre fogones. Una cocina ecológica es aquella elaborada desde la responsabilidad con las materias primas y con la energía empleada en su preparación.

  1. Productos sanos. Son el componente principal en la cocina y, por eso, merecen un mimo especial en su selección y manipulación. Cada vez existen más alimentos de los llamados ecológicos, que huyen de fórmulas refinadas o procesadas, y que evitan los pesticidas. Pero si no los encuentra en su súper habitual, no tire la toalla. Hay quienes cultivan sus propias frutas y verduras en pequeños huertos destinados al autoconsumo. Una terraza o un pequeño jardín puede convertirse en una sencilla pero eficaz fuente de abastecimiento.

  1. Cuidado con la caducidad. Antes de hacer la compra, es conveniente revisar la despensa y la nevera para saber con exactitud qué nos hace falta y si hay algún producto a punto de     caducar. Así ahorraremos y no tiraremos comida. Pero ¿y si algo se nos escapó o hay unas sobras que no hemos podido reutilizar? En ese caso, si disponemos de un pequeño espacio podemos reciclar esos residuos y fabricar compost casero para un jardín o un huerto. También conviene conservar en la nevera o congelar raciones individuales de comida. Así son más fáciles de recalentar y su     aprovechamiento es óptimo.

  1. Reciclaje. En la medida de lo posible es preferible evitar los embalajes excesivos (plásticos, bandejas) en los productos que compramos y adquirirlos a granel. No obstante, depositar los residuos en contenedores diferenciados para su posterior reciclado minimiza su impacto medioambiental. Esto es vital en la cocina porque, por ejemplo, un litro de aceite puede llegar a contaminar mil litros de agua.

  1. Iluminación por LED. Es frecuente pasar mucho tiempo en la cocina. Lo ideal es que disponga de suficiente luz natural, pero si no es el caso y hay que recurrir a la artificial, las luces de LED son las más adecuadas por su bajo consumo energético.

  1. Electrodomésticos eficientes. Los electrodomésticos están clasificados en función de su eficiencia energética. Debemos elegir los que tienen la etiqueta A, A+, A++ y A+++.     

  1. ¿Cocer, freír, asar? Si cocemos un alimento a fuego lento, tardará más, conservará mejor sus propiedades y consumirá     menos energía. También se disminuye el gasto energético si     tapamos los recipientes y usamos poca agua. Por otro lado, la olla a     presión consigue una cocción muy rápida y logra un consumo energético muy reducido. Lo hagamos como lo hagamos, para cocer     necesitamos calentar agua. Para asar, calentamos aire. Y para freír, aceite. Y en ese proceso, gastamos energía. Por eso, lo más     eficiente es consumir energía para cocinar directamente los alimentos, es decir, guisarlos, prepararlos en el microondas (donde se puede ahorrar hasta un 60% de la energía) o cocerlos al vapor.

  1. Aprovecha la vitrocerámica. Es importante que los recipientes (ollas, sartenes, cazos) sean más grandes que el fogón. De lo contrario, podemos desperdiciar hasta un 20% de electricidad. Un truquito para optimizar a tope el consumo es apagar un poco antes la vitrocerámica y terminar de cocinar con el calor residual.

  1. Planifica lo que quieres hornear. Aunque pueda parecer     un poco tedioso al principio, un poco de esfuerzo se amortiza rápidamente: con las instrucciones en la mano y con el uso, aprende     las funciones del horno; te ayudarán a controlar perfectamente la cocción de tus platos y aprovecharás al máximo sus prestaciones. Si te organizas, puedes preparar varias recetas en el horno de una     sola vez y optimizarás el calor si utilizas recipientes de cerámica o cristal. Aunque a veces sea una tentación, evita en lo posible     abrir la puerta del horno, porque cada vez que lo haces, se escapa el 20% del calor acumulado. Igual que en la vitrocerámica, puedes aprovechar la energía residual y apagarlo un poco antes.     

  1. Neveras a la temperatura adecuada. Un frigorífico debe estar entre los 3º y los 7º. Un congelador, en torno a los -18º. Recuerda que cada grado que bajes aumenta el consumo un 5%. Evita abrir y cerrar en exceso la puerta: el frío se escapa y su     eficiencia también.

  1. ¡Lavavajillas siempre llenos! Al terminar de disfrutar con un buen guiso o un exquisito asado, llega la hora de lavar los platos. Si no tienes lavavajillas, lo más respetuoso con el medio ambiente es usar jabones naturales que, además,  puedes elaborar de forma artesanal  reciclando aceites usados. Si dispones de lavaplatos, es imprescindible no derrochar energía y no encenderlo si no está lleno. Elegir el programa adecuado a la suciedad también ayuda a ahorrar.     

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1 Comentario
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Muy completo, y muy interesante

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