Gracias a los 320 kilómetros de tuberías instalados bajo tierra, se colectan unos 7 mil millones y medio de litros de agua anualmente de las zonas urbanas y rurales de los alrededores, que van a parar a esta planta de reciclaje.

Tratamiento Primario. Antes de entrar en la planta el agua pasa por una serie de filtros que van retirando objetos. Primero los grandes, como botellas, palos, piedras, etc. Después, ya dentro de la planta, otros más pequeños como granos de arena, de café, cáscaras y demás.

Tratamiento Secundario. Un tratamiento biológico de las aguas es el paso siguiente. Dos fosas de oxidación de gran tamaño, que contienen millones de microorganismos aerobios, digieren el material orgánico de los 11 millones de litros de agua que contiene cada fosa en unas 17 horas. El proceso requiere de oxígeno para preservar la vida de los microorganismos y diez discos de aireación remueven constantemente las aguas.

En este punto, parte del lodo activado por los microorganismos colectado en el fondo de las fosas, se dirige a una sección del purificador secundario donde es digerido una segunda vez por microorganismos anaerobios, que no toleran el oxígeno, hasta componentes estables. Los sólidos pasarán a través de polímeros para compactarlos retirando el agua. Prensados irán al vertedero, mientras que las aguas extraídas entrarán en el ciclo de purificación nuevamente. El proceso genera metano, una parte se reutiliza para calentar el agua en esta sección y la otra se quema. La planta de reciclado contempla en un futuro la utilización de este gas para coches y para compostar los residuos sólidos que ahora se arrojan al vertedero.

El proceso de sedimentación secundaria del agua se realiza en otra piscina, donde se retiran los residuos superficiales y el material que se acumula en el fondo. Una porción del agua extraída unos centímetros por debajo de la superficie se transvasa a otra zona para sufrir un nuevo tratamiento de purificación. El fondo de lodo vuelve a las fosas de oxidación anteriores.

Tratamiento terciario. En invierno, el agua tratada circulará por 30 acres de humedales y pozas de maduración. Algunas de las pozas se mantienen en ausencia de luz para evitar la fotosíntesis y eliminar las algas. En otras, densamente pobladas por plantas, el agua recuperará nutrientes y las plantas eliminarán metales no deseados. Durante los meses invierno este agua se libera al río Petaluma para restaurar el hábitat natural de la zona, que mantiene cientos de aves en su migración y anidación, así como unas 35 especies de serpientes. 

El resto del año el agua sufre un tratamiento terciario a través de filtros que retiran partículas aun más pequeñas y se añade una pequeña dosis de cloro y un intenso tratamiento de rayos ultravioletas para terminar su purificación. El agua en este punto podría beberse, pero dado su origen se utiliza para regar campos de golf, viñedos y parques. Incluso el instituto de bachillerato de la zona utiliza este agua en sus zonas verdes. 

Si reciclar y recuperar agua es siempre importante, para California – en su cuarto año de sequía -, lo es incluso más.

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