Los efectos de la contaminación lumínica, pues, van mucho más allá de dificultar las observaciones astronómicas de los objetos celestes y no es algo para tomar a la ligera, pues además de suponer un derroche energético afecta a la salud de los seres vivos, incluidas las personas. En el caso de los humanos las consecuencias más comunes son alteraciones en los ciclos de sueño, procesos irritativos visuales e, incluso, diversos estudios científicos relacionan la contaminación lumínica con algunos tipos de cáncer.

No sólo eso, la fauna también se ve afectada directamente, especialmente aquellas especies de insectos y aves nocturnas cuyo hábitat natural es la oscuridad y en los que la luz artificial termina por provocar grave trastornos de comportamiento. En el caso concreto de las aves marinas que comienzan a volar, ya se ha documentado que éstas caen al suelo en sus primeros vuelos al ser deslumbradas por las luces artificiales.

Mediante el proyecto Cities at Night, investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, y con ayuda de los voluntarios que se adhieren a la iniciativa vía la ayuda de voluntarios a través de crowdcrafting.org, se han propuesto determinar cuáles son las regiones con más contaminación lumínica del mundo. Para ello, toman como material las fotografías que toman a diario los astronautas de la Estación Espacial Internacional (EEI).

Aunque todavía no se han hecho públicos los resultados, es posible consultar otros estudios previos como los de la facultad de Ciencias de la Universidad de Hong Kong que el año pasado establecieron que la ciudad china era la que padecía más contaminación lumínica: su cielo nocturno urbano era hasta 1.000 veces más brillante que lo normal en el resto del mundo. En España, una de las ciudades peor iluminadas (por exceso) y que, por tanto, más sufren la contaminación lumínica es Valencia. Así lo estableció la X Bienal de Astronomía hace un par de años, determinando que su gasto en iluminación pública por habitante y año era de 137 Kv, el doble que Madrid o Barcelona y cuatro veces más que algunas ciudades alemanas u holandesas.

Por todos estos motivos, desde los diferentes Gobiernos y organizaciones internacionales se está trabajando por mejorar la eficiencia energética de las ciudades y reducir la contaminación lumínica. Un buen ejemplo de ello fue la Declaración de la IAU/ICSU/UNESCO sobre la Reducción de los Impactos Medioambientales Adversos para la Astronomía de 1992. En España, tanto desde el Ministerio de Medio Ambiente como desde los Gobiernos regionales también se trabaja en esta línea y ya hay actuaciones positivas como las farolas inteligentes de Barcelona, la iluminación eficiente de monumentos en Valladolid y, por supuesto, el uso más intensivo de las energías renovables.

Fuentes: Suelosolar.es  | Eltiempo.com | Lavanguardia.com | Magrama.gob.es | Flickr

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