A pesar de no acumularse como otro tipo de contaminaciones, el ruido afecta negativamente al medio ambiente tanto como un gas nocivo o un vertido. ¿Parece mentira verdad?

Pues está demostrado: muchas especies animales, en especial las aves, los peces y las ballenas son muy sensibles a la contaminación acústica. Tanto, que provoca que algunos pájaros canten en frecuencias más altas, que los murciélagos se pierdan al salir a cazar o que las ballenas abandonen algunas de las rutas por las que solían desplazarse.

¿Y nosotros qué podemos hacer? Ser respetuoso con el medio ambiente es una filosofía de vida, una actitud que uno debe recordar todos los días y aplicar en la medida de lo posible. Pero lo cierto, es que para luchar contra la contaminación acústica hacen falta grandes medidas, extraordinarias, que van más allá de bajar el volumen de la música en casa.

Por ello, es fundamental que apoyemos a aquellas fundaciones y organismos que luchan por crear una legislación más agresiva contra la contaminación acústica para sustituir a la que tenemos ahora, que evidentemente es insuficiente. Por ejemplo, en España se considera que el nivel de confort acústico está por debajo de 55 decibelios, sin embargo el ruido con el que convivimos duplica y en ocasiones triplica esa cifra.

Fuente: Wikimedia

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