El término “biocarburante”, también conocido como “biocombustible”, engloba una gran cantidad de productos desarrollados de distintas formas. Algunos todavía están en etapa experimental, mientras que otros se comercializan desde hace décadas. Hoy hablaremos acerca de los biocombustibles de segunda generación, siendo estos parte de los procesos experimentales.

Biocombustibles de primera generación

girasol

Los productos utilizados actualmente, denominados “de primera generación”, son el biodiésel, procedente de semillas, aceite de girasol y de colza; o el bioetanol, procedente de cereales y azúcares. Para que sean una alternativa energética real, es necesario que los procesos de obtención consuman menos energía que la que producen en la combustión, y que lleguen al mercado a un coste similar al de los productos derivados del petróleo que van a sustituir.

La falta de cultivos específicos con fines energéticos ha hecho que se utilicen cultivos tradicionales como los cereales, la remolacha, la caña de azúcar o hasta el café. Al competir también en el mercado de alimentos su precio puede ser muy variable, con las consecuencias que esto supone para los países en vías de desarrollo y la estabilidad del sector energético.

Si bien cada vez existe un mayor consenso en reconocer que estos biocombustibles son una energía de transición, es necesario seguir mejorando los procesos de transformación para conseguir mayores rendimientos que hagan más competitivas a estas tecnologías, desde el punto de vista económico y energético.

¿Qué hay acerca de los biocombustibles de segunda generación?

jatropha
Jatropha

Con respecto a los biocombustibles de segunda generación, es importante destacar que estos se obtienen a partir de biomasa lignocelulósica. Esta biomasa procede de residuos de cultivos, de subproductos de las industrias alimentaria y  forestal, o de cultivos específicamente destinados a su obtención, tales como las algas o la Jatropha.

Ventajas y desventajas de los biocombustibles de segunda generación

A diferencia de los primeros, los biocombustibles de segunda generación no tienen valor económico en el contexto en el que se generan; además, suelen provocar problemas ambientales durante su eliminación. A pesar de ello, los cultivos son abundantes y de rápido crecimiento en ciclos cortos, por lo que las tierras se pueden recuperar fácilmente para el uso que se considere, o dedicarlos específicamente a la producción de biomasa con fines energéticos.

Además, aunque la mayor parte de los estudios científicos coinciden en que los biocarburantes suponen menores emisiones de gases de efecto invernadero (entre 35% y 50%), “el bioetanol producido usando tecnologías de segunda generación podría disminuirlas un cien por cien”, según fuentes del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE). En este sentido, la colza etíope, el cardo y la utilización de los aceites vegetales son ejemplos prometedores de materias primas para la obtención de biodiesel en España.

Cultivos de estos biocombustibles

Cultivo de biocombustibles de segunda generación

Los cultivos de biocombustibles de segunda generación tienen alta densidad energética, la cual se almacena en la celulosa; esta libera mucha energía al romper sus enlaces químicos y, así, se da el primer paso del proceso. Para esta transformación es necesario recurrir a técnicas aún no desarrolladas que eviten la fermentación biológica por consumir mucha energía durante el proceso. Es necesario apoyar de manera decidida la investigación en este campo para hacer que los biocarburantes sean eficientes en términos comerciales.

Apoyo a la financiación de las investigaciones

FAO

La  Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) ha evaluado el precio del petróleo respecto a distintos tipos de biocombustibles, los cuales podrían ser competitivosEs por esto que la producción de biocombustibles se subvenciona por medio de la exención del impuesto de hidrocarburos, en el caso de España, y mediante ayudas a los productores de cultivos energéticos, en la Unión Europea (UE).

La UE lleva años apoyando la utilización de biocarburantes de primera generación y biocombustibles de segunda generación, con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, diversificar las fuentes de abastecimiento y desarrollar alternativas al petróleo a largo plazo. El objetivo mínimo obligatorio para el uso de biocarburantes como combustible en vehículos será de 10% para 2020 en la UE. De hecho, en España, el contenido medio de bioetanol en la gasolina se situó en 2012 entre 6 y 7,5%; y entre 8,1 y 9, 8% de biodiesel en el gasóleo.

Si somos capaces de asegurar las prácticas sostenibles en los cultivos energéticos y el desarrollo de tecnologías avanzadas de transformación, el futuro de los biocombustibles resulta esperanzador.

FUENTE:  CIEMAT / Madrimasd

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