En física, ‘energía‘ se define como la capacidad para realizar un trabajo. Sin embargo, en la vida de todos los días, ‘energía’ se refiere a un recurso natural -que suele requerir una tecnología asociada – para extraerla, transformarla, y luego darle un uso.

La energía se obtiene a partir de diversas fuentes. El criterio más habitual para diferenciar los tipos de energía es el carácter limitado o no renovable – petróleo, carbón o gas natural- o ilimitado o, como suele decirse, renovable de las fuentes – por ejemplo, solar, eólica, hidráulica o biomasa.

Pero ¿cuál es la diferencia entre potencia y energía?

Si nos fijamos en aparatos que usamos en nuestra vida diaria como, por ejemplo, una bombilla, un equipo de aire acondicionado o un secador, todos ellos consumen energía eléctrica y la transforman en un trabajo útil: iluminar, enfriar o secar. En las etiquetas de estos dispositivos podemos leer su potencia, normalmente indicada en wat (W), y esto nos indica la velocidad a la que consumen la energía.

La energía consumida por un equipo se calcula multiplicando la potencia del aparato por el tiempo de funcionamiento y se mide en wat hora (Wh).

Por ejemplo, veamos un cálculo del consumo de energía a partir de la potencia: supongamos que tenemos una lámpara de bajo consumo de 18 W de potencia, su consumo a lo largo de un día sería 18 W multiplicado por 24 horas, es decir, 432 Wh de energía.

Manejar este concepto tiene utilidad práctica

A diario nos encontramos con esta diferenciación entre potencia y energía:

– Suele figurar en nuestra factura de la electricidad cuando se nos indica «potencia contratada», es aquella cantidad de energía que se nos reserva, es decir, a la que tenemos derecho por contrato.

– Mientras que el «término de energía« es aquella que realmente hemos consumido en el periodo de tiempo al que se refiere el recibo y está controlada por un contador.

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