Obsolescencia programada y medioambiente

Y no es que se hagan las cosas con peores materiales que antiguamente, sino que la vida de estos aparatos está diseñada para durar un período corto y así poder «activar» la economía.

Hubo un tiempo en el que los responsables de las empresas se dieron cuenta de que si hacían los objetos con una vida muy larga eso haría disminuir el consumo. Uno de los ejemplos es el de las bombillas. Los ingenieros se preocupaban en diseñar bombillas con vidas útiles cada vez más largas, pero tras este cambio de pensamiento muchas compañías de venta de bombillas se juntaron para crear una ley que prohibía diseñar bombillas que duraran más de 1.000 horas y hacían estrictas comprobaciones para que esto se cumpliera.

De la misma manera pasó con infinidad de otros productos, como pueden ser las impresoras, que tras una serie de impresiones definidas dejan de funcionar.

Los que defienden este funcionamiento de la industria opinan que sirve para activar la economía, pero deberíamos pararnos a pensar también en qué ocurre con todos esos aparatos que dejan de funcionar. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los tiramos a la basura? ¿Se reciclan?

Hay normativas para su correcta recogida y posterior reciclaje de sus materiales, pero algunas compañías, para evitarse el coste de su correcta gestión, mandan a países menos desarrollados estos residuos alegando ser donaciones de material informático de segunda mano, y cuando llegan a estos países, como éstos no funcionan son tirados a vertederos o a pleno campo contaminando espacios antes de gran valor.

Y además de los residuos generados, debemos pensar en los materiales y energía necesarios para producir ese objeto. El Planeta no es ilimitado como ya sabemos y esto no puede continuar indefinidamente.

Lo bueno es que muchas empresas están empezando a tener otro pensamiento y quizá, con el esfuerzo de todos, podamos cambiar esta situación.

Fuentes: Elaboración propia / RTVE / flickr

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