Molinos de vientoEl final de las formas tradicionales de suministro energético se vislumbra cercano y la vista de la comunidad científica se centra en sentar las bases para abastecer a la Tierra con alternativas renovables y no contaminantes. El objetivo se fija en el año 2030. Eso al menos es lo que afirman dos profesores de la Universidad de Standford, Mark Z. Jacobson y Mark A. Delucchi, especializados en estudios energéticos que firman un estudio publicado este año en el que se asegura que, con el compromiso de la clase dirigente y la industria, en veinte años sería posible satisfacer las necesidades de energía del planeta gracias a soluciones sostenibles y renovables.

No se trata de hacer grandes descubrimientos. La teoría elaborada por los dos científicos se basa en formas de energía que ya se explotan en la actualidad: el viento, el agua y el sol. Elementos que permiten desarrollar tecnologías de emisiones contaminantes prácticamente nulas. Como inconveniente se señala que este desarrollo global podría incurrir en la escasez de algunos de los materiales implicados en la transformación de energía a partir de estas fuentes (como la plata o el litio) o la acumulación de los mismos por parte de algunos países. Esto provocaría, como ocurre con los hidrocarburos, una concentración del mercado y la consiguiente dependencia de estas naciones. Como respuesta, el estudio propone soluciones alternativas de reciclaje y, en todo caso, recuerda que las otras formas de suministro se alimentan al 100% de recursos escasos y finitos e igualmente localizados en lugares concretos del planeta de los que todos dependemos.

Inversión necesaria para alcanzar el objetivo

El «pero» importante es éste: para que la generación de energía que producen estas fuentes sea suficiente para abastecer al planeta entero, los autores calculan que se requieren 3.800.000 turbinas eólicas de 5 MW cada una, unas 90.000 centrales solares (tecnología fotovoltaica y solar de concentración), multitud de instalaciones geotérmicas y mareales, y hasta 1.700 millones de sistemas fotovoltaicos de tejado en todo el mundo. En una palabra, inversión. La suficiente para avalar la transformación de toda la industria mundial con lo que ello conlleva: adaptación o, en su caso, renovación completa de infraestructuras, parques automovilísticos, maquinaria, etc. reconversión de millones de puestos de trabajo y un cambio de mentalidad que se habría de acometer tanto a nivel ciudadano como en las clases dirigentes.

Estos son los principales frenos que se detectan en el plan 2030. Sorprende comprobar que prácticamente ninguno es de carácter técnico. Y todo a cambio de conseguir un flujo constante, barato y limpio de nuestra imprescindible energía.

Fuentes: Elaboración propia / Revista INVESTIGACIÓN y CIENCIA /enero 2010) / flickr.com

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