Esta iniciativa surge de una investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha encabezada por los profesores Juan José Hernández y Magín Lapuerta que persigue utilizar la materia orgánica originada por el orujo de la uva, es decir, de lo que queda de la uva después de ser exprimida y sacada toda la sustancia, y del sarmiento de la vid. El estudio previo determinó que estos residuos cumplían con los requisitos de idoneidad para ser tratados como biomasa y conseguir la obtención de hidrógeno a partir de su gasificación.

Imprescindible para el almacenamiento y el transporte de la energía, el hidrógeno surge de esta particular biomasa vinícola y cumple con un cometido clave en el uso de las energías renovables que aunque inagotables cuentan con el problema de la imposibilidad de almacenarse.

Los investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha han realizado parte de este estudio en la planta piloto de gasificación de Ciudad Real con la colaboración de la Escuela Superior Técnica de Ingenieros Industriales de esta ciudad manchega y el Instituto de Energías Renovables de Albacete.

¿Qué ventajas tiene este proyecto?

La ventaja fundamental de esta investigación es que se utilizan residuos en lugar de materia prima química en el proceso de la producción de hidrógeno, lo que combinado con las energías renovables constituye un proyecto sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Todavía queda mucho camino por recorrer ya que los investigadores denuncian la falta de inversión y madurez tecnológica en el uso de la biomasa, pero la luz está al final del túnel, o en este caso, del barril de vino.

Fuentes: Twenergy / Blog de medio ambiente / 20 minutos / Flickr

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