En un mundo donde las prisas del día a día no ayudan a llevar una buena alimentación, el movimiento Slow Food propone que vivamos el momento de la comida de una forma totalmente diferente: más pausada, redescubriendo la riqueza y los aromas de la cocina local y pensando en la mesa como un lugar de reunión, de transmisión de sabores heredados y de disfrute de los alimentos.

Este movimiento internacional, nacido en Italia y cuyo símbolo es un caracol, busca combinar el placer de la comida con el conocimiento, al mismo tiempo que lucha por proteger y conservar las tradiciones gastronómicas de cada región. Slow Food defiende así la recuperación de sabores, alimentos y métodos de cultivo y distribución del siglo pasado, muchos de ellos en peligro de extinción. Su catálogo «Arca del gusto» recopila más de 750 sabores olvidados en distintos países del mundo.

Hablar de Slow Food es también hablar de ecología, biodiversidad, tradición culinaria y alimentos locales. Su filosofía va acorde con una alimentación más sana que reniega de productos como los transgénicos y promueve alimentos de temporada, artesanos y ecológicos producidos en un sistema sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

Slow Food, que ya está presente en más de 150 países del mundo, invita a los ciudadanos a llenar la cesta de la compra con cabeza y a saborear y valorar los alimentos con el tiempo y el deleite que se merecen. Slow Food te cambia definitivamente la forma de ver la comida. Y la vida.

Fuentes: Slow Food

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