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Huella ecológica

La huella ecológica es un indicador que nos permite medir la demanda del hombre sobre los recursos del planeta y el impacto que sobre éste puede tener un determinado modo o forma de vida. Conocer nuestra huella es clave para saber si nuestra manera de vivir y el tipo de consumo de recursos que realizamos es compatible con la “biocapacidad” del planeta. Para ello existen herramientas para calcular, por ejemplo, la huella de carbono.

Aprende qué es la huella ecológica, qué tipos de contaminación existen, qué hacer para reducir su impacto, y qué es la gestión ambiental.

Viajar en avión en vacaciones, comer carne importada o utilizar bolsas de plástico cuando vamos a la compra son algunas de las actividades cotidianas que producen gran cantidad de emisiones de efecto invernadero y que marcan la huella de carbono de un individuo u organización. En España, cada ciudadano emite 9,8 toneladas de CO2 al año. Por ello, es fundamental conocer el impacto que tienen nuestros hábitos sobre el medio ambiente y tener en cuenta varias recomendaciones para reducir nuestra huella de carbono en ámbitos como el transporte, la comida o el hogar, entre otros. Toma nota:

Luchar contra la deforestación y el cambio climático, preservar la biodiversidad, defender los derechos humanos y proteger los parques nacionales son algunos de los objetivos a los que se ha comprometido el estado colombiano ante el Parlamento Europeo. Y lo ha hecho a través de un documento emitido por las autoridades colombianas que traza líneas para reducir el impacto de sectores como la minería o los hidrocarburos.

La huella de carbono es un indicador que pretende cuantificar la cantidad de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) generados directa o indirectamente por un individuo, organización, evento o producto. En este inventario de gases de efecto invernadero se incluye el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N20), el hezxafloruro de azufre (SF6), los hidrofluorocarbonados (HFCs) y los prefluorocarbonados (PFCs), entre otros.

A pesar de producir una mínima parte de las emisiones globales de efecto invernadero, Centroamérica es una de las regiones más vulnerables al cambio climático, según un reciente estudio llevado a cabo por la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas (CEPAL). Para evitarlo son necesarias políticas de reducción de la pobreza, transición a economías bajas en carbono y protección de ecosistemas naturales.

Ecológica, orgánica o biológica, da igual como la llamemos. La etiqueta en cuestión se ha convertido en la bandera de un gran número de marcas que ofrecen este tipo de productos que están teniendo bastante buena acogida entre el público en general. La aceptación no es masiva debido a su precio, pero son muy pocos los que no están ya convencidos de los efectos beneficiosos de la agricultura ecológica para la salud y el medio ambiente.

El dióxido de carbono (CO?) junto con el óxido nitroso y el metano son gases que contribuyen al llamado efecto invernadero, es decir, tienen un importante papel de retención del calor porque absorben parte de la radiación infrarroja emitida desde la superficie terrestre cuando ésta refleja los rayos del sol. En cierta cantidad, estos gases son necesarios, si no el planeta sería demasiado frío y, además, el CO? interviene en la fotosíntesis de las plantas. El problema radica en que su concentración ha aumentado un 30% desde el siglo pasado principalmente por la quema de los combustibles fósiles y la desaparición de grandes extensiones de bosques.