La palabra resiliencia ha ido cobrando protagonismo durante los últimos años, a menudo asociada al cambio climático. Ser una ciudad resiliente implica anticiparse y minimizar desastres, recuperarse o estar preparado ante contingencias ambientales severas, como la escasez de agua.

La pérdida de sus acuíferos es una amenaza prioritara en la ciudad de México. Para hacer frente, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, anunció en la Cumbre Mundial de Directores de Resiliencia la creación de un fondo para la gestión del agua, el primero que se crea en el país. El fondo tendrá carácter permanente y cuenta con la participación del Gobierno Federal.

Durante la Cumbre Mundial, que tuvo lugar en el Club de Banqueros de México, en noviembre de 2015, representantes de distintas ciudades intercambiaron información y consolidaron estrategias y protocolos ante situaciones de desastre o vulnerabilidad, comprometiéndose a impulsar programas para mitigar el cambio climático. Entre los asistentes se encontraban representantes de Nueva Orleans o El Paso ( EE.UU.), Rotterdam (Holanda) y Sao Paulo (Brasil), que se han enfrentado a situaciones difíciles pero que han mostrado su capacidad de organización, de trabajo y compromiso con su población.

La ciudad de México está comprometida con la gestión de la resiliencia desde 2013, cuando fue nombrada como ciudad inaugural de la red ‘Cien Ciudades Resilientes’, una iniciativa global puesta en marcha por la Fundación Rockefeller.

Además de este fondo creado en la capital existen otras iniciativas a nivel federal. Entre ellas, la Estrategia de Cambio Climático 2015-2020: Una Convocatoria para la Resiliencia en México, que presentó a finales de 2015 la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). La estrategia contempla cuatro ejes de armonización de políticas públicas, desarrollo, investigación y participación social, para asegurar la sustentabilidad. La CONANP confía en que para 2020 las áreas naturales protegidas sean reconocidas por la sociedad como parte esencial para el bienestar humano, contribuyendo a reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas.

Para esta estrategia, que ya está en marcha, se ha contado con el apoyo de la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ, por sus siglas en alemán), el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a través del proyecto ‘Resilencia’, y la Alianza México Resiliente.

Hacer frente a los problemas que origina el cambio climático, conservar el patrimonio natural, fortalecer la economía y mejorar el bienestar de la población son objetivos que necesitan de políticas e instrumentos. Diferentes organismos e instituciones internacionales han asumido su compromiso con la resiliencia y ofrecen apoyo, financiación e intercambian conocimiento, entre ellas la Fundación Rockefeller, el Fondo Especial para el Cambio Climático (FECC) o la campaña Desarrollando ciudades Resilientes, que la Oficina para la Reducción del Riesgo de Desastres de la ONU puso en marcha en 2010.

 

Fuentes: UNAM | CONANP

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