A pesar de tratarse de un campo académico muy joven, la ecología urbana está cobrando cada vez más peso, situando en su punto de mira lo que ya se han bautizado como “conflictos urbano-ambientales”. No es para menos, puesto que desde 2011 los que vivimos en ciudades ya somos más que quienes lo hacen en espacios rurales y, además, muchas veces con tasas de concentración superiores al 80%.

Para el año 2030 se estima que el 60% de la población mundial vivirá en un ambiente metropolitano y en América Latina el fenómeno se acentúa, por lo que la prudencia llama a evaluar cuanto antes los impactos en materia de gobernanza y uso sustentable tanto de los recursos como de los servicios ambientales.

La ecología urbana entronca directamente con otras dos tendencias recientes: el ecodiseño y la ecología de paisajes. Y es que en las ciudades se dan interacciones muy complejas entre los distintos flujos de energía, agua, materiales y seres vivos, muchas de ellas que nos pasan absolutamente inadvertidas en nuestro día a día, como el hecho de que las aceras y los tejados almacenen energía térmica y disipen ese calor artificial, aumentando las temperaturas urbanas. Otras, en cambio, son mucho más evidentes, como los cambios que producimos en el drenaje del agua o cómo nuestros rascacielos modifican la disponibilidad de luz.

Gracias a la ecología urbana tenemos una visión más global de todas esas interacciones y nos brinda la oportunidad de poner remedio a ciertos desajustes ambientales que podemos estar cometiendo, resolviendo problemas de planeamiento, protección ambiental y conservación. Básicamente, se trata de garantizar ecosistemas funcionales incorporando conceptos de resiliencia ecosistémica y paisajística.

En este sentido, con acciones como la reforestación de las ciudades, como los 5.000 árboles adicionales plantados en Neuquén, se combate directamente la impermeabilización del suelo, la alta capacidad de acumular calor o la falta de ventilación. Los jardines verticales y los techos verdes, el reciclaje o el compostaje, entre otros, son herramientas con las que la ecología urbana puede atajar las problemáticas que detecta en su estudio.

La ecología urbana ya cuenta con su propia licenciatura en la universidad, generando profesionales capaces de realizar diagnósticos participativos, elaborar todas estas propuestas de acción tendientes a la sustentabilidad ambiental y plantear y desarrollar alternativas tecnológicas y sociales que minimicen la degradación y la destrucción de la base ecológica de la producción y habitabilidad de las urbes.

Fuentes: Ecologíahoy / Universidad Nacional de General Sarmiento / Instituto Argentino para el Desarrollo Económico

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