Los huevos frescos que se venden para consumo humano llevan una codificación que identifica la forma de cría de las gallinas ponedoras, el país de origen y el número distintivo del productor. Para saber cuál es su procedencia, hay que fijarse bien en el primer dígito, el que nos ayuda a identificar si los huevos proceden de gallinas criadas en granja (1), en el suelo (2), de gallinas camperas (3) o de producción ecológica (0).

Las gallinas camperas y las que producen huevos ecológicos tienen en común que viven al aire libre, a diferencia de las gallinas de granja o suelo que están enjauladas. Pero además, las gallinas que ponen huevos ecológicos se alimentan de un pienso específico producido en la agricultura ecológica, un sistema que prohíbe el uso de cualquier sustancia química o artificial. De esta forma, estas gallinas picotean grano ecológico y hierbas en terrenos donde no se han utilizado abonos químicos ni plaguicidas. Con estos animales tampoco se usan hormonas para su crianza y el uso de antibióticos está muy limitado.

Los criterios de la ganadería ecológica ayudan a respetar el medio ambiente y el ciclo de vida de los animales. Y eso se nota en el resultado final. Como defiende María Dolores Raigón, presidenta de Sociedad Española de Agricultura Ecológica y catedrática de Escuela Universitaria de la Universidad Politécnica de Valencia, los huevos ecológicos tienen un 2,6% más de contenido proteico, el perfil lípido de su grasa muestra un 8% más de ácido oléico y se mantienen frescos durante más tiempo. Su sabor es además más intenso y natural.

En Ecohuevo argumentan que la ganadería ecológica aporta a los animales unas condiciones de vida adecuadas. No los manipula artificialmente o de manera intensiva para conseguir una mayor producción. Desde esta granja ecológica en Cuenca, cuentan que una gallina criada de manera tradicional puede poner unos 30 huevos al año mientras otra de granja intensiva y encerrada en jaula puede llegar a los 275. Esto justifica que una docena de huevos ecológicos cueste hasta cinco veces más que unos de granja, los más habituales en el supermercado.

Por otra parte, Investigadores de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria  publicaron en 2013 un estudio que concluía que una persona “que elige huevos ecológicos o de corral se expone a una concentración hasta cuatro veces más baja de hidrocarburos aromáticos policíclicos –mutágenos y carcinógenos-“. La investigación analizaba huevos convencionales, de corral y ecológicos sobre 57 tipos diferentes de contaminantes. Estos son algunos de los argumentos que nos convencen de porqué consumir huevos ecológicos es la mejor opción para el medio ambiente y para nuestra salud.

Fuentes: Ecohuevo | Agroecología

 

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