En la Universidad Nacional de La Plata llevan tiempo trabajando en hallar un modo de reciclar las baterías de uso más común. Al fin, los científicos han encontrado un método para recuperar los materiales químicos altamente contaminantes. Tanto es así, que esta universidad tiene el orgullo de contar con la primera y única Planta Piloto de Tratamiento de Pilas.

Tras el complejo nombre de PLAPIMU-LASEISIC (Planta Piloto Multipropósito y Laboratorio de Servicios a la Industria y al Sistema Científico), la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP alberga en la localidad de Gonnet unas instalaciones capaces de recuperar los metales presentes en las pilas agotadas.

El objetivo de esta recuperación es doble: por un lado, evitar la contaminación de suelos y aguas subterráneas cada vez que estas baterías terminan mezclándose con los residuos domésticos, arrojados a los vertederos; y por otro, recuperar los metales para su reutilización. Este último punto trae, además, la ventaja adicional de que contribuyen a la disminución de la explotación minera y la contaminación en su producción.

El proceso de reciclaje es mucho más artesanal de lo que pudiera pensarse y sirve tanto para las pilas alcalinas chicas (AAA) y medianas (AA) como para las grandes (C) y más grandes (D).

En la primera fase del proceso, se corta la carcasa de hierro que recubre las baterías y  de ese modo se recuperan todos los materiales, que van desde el barro interno, que contiene mucho carbón, al zinc o el manganeso.

Metales, por otro lado, que cuando son liberados en los vertederos por la acción climática se convierten en auténticos agentes tóxicos que contaminan el suelo y el agua con sus dioxinas y furanos, que son cancerígenos. Por este motivo es tan importante seleccionar nuestros residuos y no mezclar con los orgánicos aquellos que podemos reciclar evitando su potencial contaminante.

En una segunda fase, todos estos materiales se tratan con ácido sulfúrico que, gracias a unos biorreactores de producción biológica, se produce de una manera menos contaminante.

Tras este proceso, es posible separar por precipitación los distintos componentes, que pasan a ser reutilizados obteniéndose el óxido de manganeso, útil en la fabricación de acero; y el carbonato de zinc, especialmente útil en industrias como la alimenticia, farmacéutica, naval e, incluso, en la construcción.

Este proyecto pionero, que arrancó en 2012 con un costo de 400.000 pesos, pronto pasará a un segundo estadio, superando su fase de piloto. Los planes pasan porque en el municipio bonaerense de Pellegrini –de unos 5.000 habitantes- se construya una planta de tratamiento de residuos sólidos y urbanos en la que se incluirá una planta de tratamiento de pilas.

 

Fuentes: UNLP | Telam | Clarin | Infobae

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