Latas de leche en polvo, de conservas, de refrescos, motores, herramientas, cables…. En nuestra vida diaria estamos rodeados de metales, los cuales se pueden reciclar, ya que la mayor parte de  ellos se pueden fundir y volver a procesarse creando nuevos materiales.

Sin embargo, estos metales no siguen un patrón común a la hora de reciclarse. De ahí que sea importante separar el aluminio de aquellos materiales ferrosos como el hierro y el acero, ya que en muchos centros de reciclaje no se aceptan ambos tipos. Se pueden diferenciar de diversas maneras. La más fácil es a través de la etiqueta identificadora que la gran mayoría de los productos poseen. En caso de no tener dicha información, se podrá recurrir  a un remedio más casero, como el de coger un imán. Todos aquellos materiales que no se peguen querrán decir que son de aluminio. 

Comenzar a reciclar

Normalmente, en todas los países existen servicios y empresas de reciclaje que se encargan de su respectivo procesamiento. En estos lugares se informarán sobre los metales que se aceptan, así como de otras reglas a tener en cuenta para que su reciclaje sea óptimo. En otras ocasiones, existen también políticas locales, las cuales impulsan al ciudadano a comenzar a reciclar desde su propio hogar, recomendando la clasificación de basuras para depositarlas en cubos específicos.     

Una vez que se sabe dónde, el siguiente paso será conocer cuáles son los materiales que podemos reciclar.

El acero

El acero, uno de los metales más utilizado en el mundo y también uno de los que más se han reciclado desde la antigüedad, se encuentra en nuestra vida cotidiana en muchos productos, como latas de comida, frigoríficos, motores o clavos. De hecho, el 40 por ciento de la chatarra de acero se destina a la producción de nuevos aceros, aunque sólo un pequeño porcentaje puede reciclarse como acero de envases. Cada envase producido contiene, aproximadamente, un 25 por ciento de acero reciclado.

En este sentido, si se recicla constantemente acero, se podrá no sólo aliviar la demanda de la minería, sino también ahorrar los recursos empleados en su producción, los cuales representan el cuádruple de gastos de energía y materia prima. Y es que, según estudios realizados en 2006, la chatarra reciclada disminuyó hasta el 40 por ciento de las necesidades mundiales de acero.

El aluminio

Otro de los metales que nos podemos encontrar en nuestro día a día y que es cien por cien reciclable, es el aluminio. Latas de refrescos, recipientes, muebles de jardín o envolturas para preservar el chocolate son sólo algunos ejemplos que contienen este metal. Hoy en día, en Europa  se recicla el 85 por ciento de las latas de bebidas. Los expertos aseguran que se  salva suficiente energía reciclando una lata de aluminio como para hacer funcionar un televisor durante 3 horas y media. Sin embargo, del resto de productos, tan sólo se recupera el 42 por ciento del aluminio utilizado.   

El cobre, bronce y latón

Junto al acero y el aluminio, existen otros metales como el cobre (utilizados para tuberías y cables), así como otros materiales genéricos como la joyería metálica, el bronce o el latón. Si bien es cierto que cualquiera de estos metales requiere bastante electricidad para volver a ser reutilizado, supone apenas el 5 por ciento del consumo energético que se necesitaría para producirlo desde las minas donde se extraen. Además, hay que tener en cuenta, que para la obtención de estos materiales se precisan materias primas limitadas como la piedra caliza o el carbón.

Lo que no se puede reciclar

Aunque casi la mayor parte de los metales se reciclan, existen algunos que no se pueden reutilizar. Tal es el caso de los contenedores usados para pinturas o productos tóxicos, tuberías (siempre y cuando no sean de cobre), ganchos de ropa y pedacería de metal.

Fuentes: Twenergysustentator.com / wikihow.com / hbiodegradable.com.mx / Flickr

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