El objetivo de esta iniciativa cien por ciento solidaria y voluntaria, que arrancó a mediados de 2013, es recatar a la comida que no se consume en los eventos (comidas de empresa, galas, banquetes de boda…) y que normalmente termina en la basura. ¿Por qué no aprovechar esta comida y darle un destino allá donde más se necesite? Sólo en la ciudad de Buenos Aires se estima que se desperdician unas 670 toneladas por día de comida elaborada.

Salvo en el caso de aquellos productos en los que sea necesario mantener la cadena de frío, cualquier comida es candidata a salvarse del cubo de la basura, tan dulce como salada. Incluso en esos casos, es posible afrontar la entrega si el punto de donación y de recepción están próximos.

Son muchos los puntos en los que se da este desperdicio de alimentos, desde hoteles, cruceros o salones de fiesta a centros de exposiciones, empresas de catering y productores y organizadores de eventos. Además, el Proyecto Plato Lleno no tiene coste alguno ni para el donante ni para el receptor, que va desde hogares a diferentes instituciones de niños (comedores escolares), adultos y ancianos.

Sin embargo y por cuestiones operativas y de costos, sí que existe un mínimo de cantidad de comida que se puede donar al Proyecto Plato Lleno: entre 15 y 20 kilos lo que equivale, en comida elaborada, a unos 30 o 40 almuerzos o cenas o, lo que es lo mismo, entre 60 y 80 meriendas o desayunos.

Ya se puede decir, sin temor a equivocarse, que el proyecto ha sido un auténtico éxito, puesto que se han rescatado casi 25.000 kilos de comida. Sin embargo, los promotores de la iniciativa no se conforman y, si bien se muestran orgullosos por estas cifras, miran a otras: a los más de 200 kilos que aún no han podido ser rescatados por falta de materiales, de tiempo y de voluntarios que arrimen el hombro.

Por eso desde el Proyecto Plato Lleno animan a empresas y particulares a sumarse a la iniciativa solidaria, en la que la transparencia es una máxima: cualquiera puede acudir a la entrega de los alimentos para asegurarse de la entrega a quien más lo necesita e, incluso, los voluntarios envían fotografías de ésta.

De manera simultánea a los evidentes fines solidarios, este proyecto también contribuye indirectamente al cuidado del ambiente, pues reaprovechar esta comida no consumida es una medida en sí misma de eficiencia energética: imaginá el ahorro de energía de no tener que cocinar otros 25.000 kilos de comida que, en otro lado, ya lo fueron.

 

Fuentes: Proyecto Plato Lleno | Ecoportal | La Nación | Buendiario

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