El almacenamiento de energía persigue un objetivo principal: conseguir que la generación de electricidad no tenga que producirse al mismo tiempo que la demanda eléctrica. Si te interesa conocer todo lo relacionado a este tipo de almacenamiento, tan útil para la preservación del medio ambiente y la eficiencia energética, te invitamos a continuar leyendo.

¿Por qué almacenar la electricidad?

Molino de viento o aerogenerador

Gracias al almacenamiento de energía; por ejemplo, no habría que parar aerogeneradores cuando haya viento por la noche, sino que sería posible recuperar la energía generada y almacenarla para su utilización cuando se produjera algún pico de demanda.

El mismo principio se puede aplicar a menor escala, es el caso de los paneles solares domésticos. Si a mediodía brilla el sol pero no estamos en casa, esa energía podría ser almacenada con un equipo de almacenamiento eléctrico, para poder utilizarla cuando fuera necesario.

Panel solar en casa

Almacenando lo imposible

La energía eléctrica no se puede almacenar como tal. En realidad es necesario transformarla en otros tipos, como la energía mecánica o la química, para las que es viable el almacenamiento. Podemos citar algunos ejemplos de tecnologías mecánicas de almacenamiento, como son:

  • El bombeo de agua a cotas más elevadas
  • La compresión de aire en reservorios subterráneos
  • El uso de volantes de inercia que almacenan energía en el movimiento de un pesado volante girando en un eje
Volante de inercia

Los acumuladores electroquímicos: baterías y baterías de flujo

Las baterías son acumuladores de electricidad basados en la transformación de esta en energía química. Utilizan compuestos que tienen la capacidad de reaccionar entre sí intercambiando electrones que, al pasar por un circuito, generan una corriente eléctrica. Por el contrario, si las conectamos a un generador que haga circular a los electrones en sentido opuesto, se produce la reacción contraria, recargando la batería de energía.

Tipos de baterías

Tipos de baterías para el almacenamiento de energía

Existen muchos tipos de baterías, pero para su aplicación como almacenamiento de energía en redes destacan las de plomo-ácido, las de sodio-azufre, las de sodio-níquel-cloruro y las de ion-litio.

Las baterías de flujo se basan en el mismo principio, aunque se diferencian de las anteriores ya que, en vez de recipientes cerrados, son grandes sistemas abiertos donde se bombean constantemente los electrodos de la batería desde unos depósitos, lo que permite grandes capacidades de acumulación.

Las opciones son muchas y cada una presenta sus particularidades, lo que permite destacar sus principales aplicaciones del almacenamiento de energía. Aunque la mayoría están en fase de desarrollo, muchas están demostrando ser altamente eficientes y ofrecen un precio cada día más asequible para todos.

¿Y tú?, ¿crees que en el futuro el uso de baterías u otros dispositivos de almacenamiento de energía impulsará el desarrollo de las energías renovables y hará más eficiente la red eléctrica? Déjanos saber tu opinión en el área de comentarios.

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