Conocer las distintas formas de almacenar energía es de vital importancia para adoptar un sistema energético eficaz a cualquier escala y lograr un desarrollo energético sostenible. Por esta razón, te presentamos una Guía de almacenamiento energético en la que consultar los mecanismos y las tecnologías necesarias para ello.

La electricidad y la curva de la demanda

La electricidad es una de las fuentes que más utilizamos pero, desgraciadamente, no puede ser almacenada. Para evitar apagones y sobrecargas en la red, la generación y la demanda deben coincidir en el tiempo. Pero, ¿cómo adaptar la producción energética a un factor tan irregular como su consumo? Históricamente, se ha solventado mediante tecnologías de generación de rápida puesta en marcha o intercambios energéticos entre países que han adaptado la producción a la curva de la demanda. Pero, mientras que en los picos de consumo diario se necesita generar mucha potencia, estos recursos quedan inactivos durante la noche.

Energías renovables

Generar electricidad con energía eólica o solar supone un beneficio ambiental para el planeta y permite la independencia de fuentes de energía limitadas. Sin embargo, estas fuentes no permiten adaptar su producción a las necesidades del momento. Con las renovables, crece la importancia de almacenar energía debido al desacoplamiento entre la generación y la demanda.

¿Cómo podemos almacenar la energía?

Para acumular energía eléctrica debemos transformarla en otros tipos de energía y volver a transformarla en electricidad para su consumo. Tecnologías mecánicas, con hidrógeno o electroquímicas, hacen posible este almacenamiento necesario para un mejor aprovechamiento de los recursos.

Aquí descubrirás las distintas formas de almacenar energía junto a las ventajas y desventajas de cada una de ellas.

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