Hoy, prácticamente, todos los sistemas de este tipo tienen uno, algunos más sofisticados incluso tienen uno en cada zona, aunque quedan todavía algunos que no tienen ninguno.

El termostato debe estar situado de forma que su medida no sea falseada, alejado de fuentes de frío o calor y con ventilación suficiente.

– Si el termostato está encima de una fuente caliente como un radiador, sobre la televisión, cerca de la parte trasera de la nevera o le da el sol, tomará una temperatura falseada, pensando que la temperatura es mayor que la que realmente hay.

– Por otro lado, si está tapado y no corre libremente el aire por él, no tomará una temperatura real de la sala hasta pasado mucho tiempo, lo que supondrá un consumo mayor de energía.

– El aire se estratifica de forma natural, acumulándose el más caliente arriba y el más frío abajo. Así, la altura tampoco es trivial ya que, si se coloca muy arriba o muy abajo, tomará temperaturas distintas. 1,5m suele ser la altura habitual.

    El termostato, normalmente, sólo controla si se ha llegado a la temperatura deseada o no, de modo que no hace que el sistema caliente o enfríe más rápido.

    Muchas veces el usuario, cuando entra a una sala que está muy fría en invierno, pone el termostato al máximo (por ejemplo 30ºC) esperando calentarla rápidamente, pero eso es un error ya que lo único que conseguirá es que, una vez se llegue a la temperatura deseada, el sistema no se pare y siga calentando. Esto supone un derroche de energía importante. Debemos seleccionar la temperatura deseada, independientemente de si hace mucho frío o calor y esperar a que el sistema la alcance. Se tardará el mismo tiempo, con mayor confort y ahorro de energía.

    Fuentes: Elaboración propia

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