Noria de aguaCómo funciona

El artilugio no reviste gran complicación: dos ruedas de madera dispuestas en engranaje de tal manera que al accionar el conjunto permiten elevar agua hasta la superficie por medio de unos recipientes conocidos como cangilones. La madera empleada era generalmente pino engrasado, de tal manera que el recubrimiento impedía la absorción de agua y su consecuente deterioro. Sencillo y efectivo. Tanto que, sin ir más lejos en nuestro país, ha estado siendo utilizado hasta bien entrado el siglo XX por los agricultores de la España más sedienta, pudiendo encontrarse aún en funcionamiento, aunque principalmente como reclamo turístico, en muchos puntos de nuestra geografía.

Orígenes

Sus orígenes, al menos en lo tocante a la popularización de su uso, apuntan a los árabes, cuya fama en el manejo del agua es bien conocida. De hecho, el término llega hasta nuestro castellano procedente del vocablo árabe na‘úra – la que llora- en referencia onomatopéyica al sonido que hace el agua al resbalar por la noria incesantemente. Pero la idea de su construcción se remonta a civilizaciones anteriores. El primer escrito que alude al mecanismo se encuentra entre los legados por Arquímedes en el siglo III a. C. que debió pensar en él al formular su conocido principio sobre los cuerpos flotantes. Asimismo, el Imperio Romano hizo uso de ellas en muchas de las minas que explotaban, las cuales se encontraban anegadas de agua que había que extraer.

En cuanto al sistema de tracción variaba en función del agua que se quisiese extraer. Las norias de agua fluvial empleaban la energía de la corriente del propio cauce para que activase la humilde maquinaria. Por el contrario, las norias que aspiraban a aguas más tranquilas como las de los pozos empleaban la tracción animal. Generalmente un borrico, que con su rotación inagotable conseguía que el agua brotase. Un sistema de esos que hoy en día, cuando ya sólo existen las norias a nivel testimonial, denominaríamos como sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

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