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Lecciones aprendidas al volante de un coche eléctrico

Tengo que reconocerlo, soy de las que disfrutaba con el ruido del motor de mi coche al acelerar. Me gusta conducir y sentir la potencia del motor. No sabía mucho de los coches eléctricos cuando me invitaron a probar a conducir uno. Nada que perder, pensé...

Me sorprendió la potencia que tiene un coche eléctrico. Pensaba que un motor convencional de gasolina era insuperable. Primera lección aprendida. Un vehículo eléctrico entrega su potencia de forma inmediata y continua. El resultado: un desplazamiento suave y constante. Además, en la aceleración la respuesta es inmediata.

Más sensaciones: energía sin humos.

Una vez en carretera, la conducción sigue sorprendiendo. Sin tirones ni acelerones. Aunque al volante no se vea, saber que se conduce un vehículo que no libera humo por el tubo de escape tranquiliza. Simplemente no tiene tubo de escape. Al no haber combustible no se emiten gases tóxicos al ambiente. Además de conductora soy aficionada al ciclismo y he tragado mucho humo desde el arcén de la carretera.

Sin contaminar, ni hacer ruido...

Otro tema a considerar es la contaminación acústica. No se puede comparar con un modelo de combustión, porque el coche eléctrico apenas emite ruido. Otro mito desmontado: la potencia no tiene porqué rugir.

La experiencia de conducir un coche eléctrico fue muy placentera. Me preocupaba un poco el tema de la autonomía, dónde y cuándo recargar durante el trayecto. Pero el cuadro de mandos es muy explícito. Imposible no enterarse. Te avisa de los kilómetros que te quedan de autonomía. El coche eléctrico es una opción recomendable para entornos urbanos y alrededores.

Otro punto importante a favor del vehículo eléctrico son los gastos asociados a su mantenimiento. Mencionar que un coche eléctrico es más eficiente no es solo un decir... El mantenimiento de un motor eléctrico es considerablemente menor que el de uno convencional. Para empezar, te olvidas del cambio de correas, aceite, embrague. Yo pensaba lo contrario, pero tiene su lógica: poca fricción, menor temperatura y menor desgaste. Incluso los frenos duran más.

Y hablando de costes... Recorrer 100 kilómetros en un vehículo de combustión interna cuesta unos siete euros frente a los como máximo dos euros por los que saldría este trayecto con un coche eléctrico. Un ahorro más que considerable.

Habiendo comprobado el rendimiento en la conducción, solo me queda informarme de las ayudas que se están ofreciendo en toda España para comprar un coche eléctrico. Había leído sobre los incentivos económicos directos aplicados al coste del vehículo, pero no sabía que ya hay otras medidas muy interesantes que van desde el parking gratuito en las grandes ciudades o la posibilidad de utilizar los carriles de alta ocupación. Lo tengo claro: mi próximo coche será eléctrico.

 

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