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La Vermicultura cambia el concepto de los desperdicios

La casa de David L. Hoffman es una estructura arquitectónica que contiene más de 25 edificaciones y que llama “El Retiro Último”. Su lema es: “los desperdicios no son desperdicios hasta que han sido desperdiciados” y para demostrarlo están sus dos sistemas de reciclaje de restos de comida y aguas grises y negras.

A lo largo de más de 40 años, David L. Hoffman ha ido levantando su casa en Lagunitas, California. Una estructura arquitectónica que contiene más de 25 edificaciones y que llama “El Retiro Último”. El estilo recuerda al de los templos tibetanos, con rincones de aires nómadas como la cocina al exterior donde le entrevistamos, y callejas que conectan una edificación con otra a través de hermosas puertas de madera labradas traídas de la China - de donde importa delicados tés que vende a algunos de los mejores restaurantes de California -, o de cualquiera de sus innumerables viajes. 

Su lema es: “los desperdicios no son desperdicios hasta que han sido desperdiciados” y para demostrarlo están sus dos sistemas de reciclaje de restos de comida y aguas grises y negras de su casa, a los que llama “El Palacio de los Gusanos” y “Le Grand Pissoir”, ambos basados en la vermicultura.

La lombriz de tierra es una de las criaturas más fascinantes del planeta, capaz de digerir la tierra y la materia orgánica en descomposición de hojas, ramas o alimentos e incorporar a la misma en su deposición los nutrientes y minerales de los que carece, al tiempo que airea con su paso el terreno.

Hoffman ha sabido conectar el compostaje tradicional de la vermicultura con la estructura de su casa. Desde su cocina, las cenizas de su cocina de leña son enriquecidas con calcio procedente de conchas y huesos que usa para crear un jabón con el que lavar sus platos. De ese modo la ceniza se incorpora al flujo de agua corriente que ha desviado para que pase directamente al palacio de las lombrices, a donde también ha hecho llegar los residuos de la comida que en Norte América suelen ser triturados en un depósito bajo el fregadero. Las lombrices se tomarán su tiempo en digerir los alimentos y crear un compost que enriquecerá el suelo de su huerta, mientras el agua usada pasa por un sistema de fosas y filtros en los que se desarrollan plantas que la limpiarán por biofiltración.

El agua así purificada se conserva en un tanque hasta que es utilizada en el jardín. Cerrando el ciclo al cultivar sus propios alimentos con el agua y el compost creados de esta manera.

‘Le Gran Pissoir’ es un sistema cerrado de aguas negras recicladas. Siguiendo la misma idea, tras cada deposición, los sólidos mezclados con serrín o virutas de madera, caen a un contenedor donde las lombrices los degradan. El agua pasará por tres contenedores y en la última filtración es bombeada gracias a placas solares hacia el tejado, donde lentamente pasará a través de un mini-humedal de plantas que Hoffman denomina ‘los intestinos’ de su sistema. Las plantas realizarán una nueva biofiltración dejando un agua lo suficientemente purificada para rellenar con ella el tanque de un acuario donde mantiene peces como biomonitores. 

El sistema requiere únicamente de 5 horas de sol al día y 327 mm de lluvia anuales, pudiendo ser utilizado en multitud de países.

Para finalizar, un sistema independiente recoge el agua de lluvia con la que uno puede lavarse las manos.

David L. Hoffman es un ingeniero ecléctico que ha encontrado su propio sistema para poner su granito de arena en el reciclaje de aguas grises y negras. Porque el agua es un bien no sólo necesario, sino escaso.

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