Una iniciativa de Endesa por la eficiencia y la sostenibilidad

Asumiendo responsarbolidades

La Real Academia Española define responsabilidad (entre otras acepciones) como “obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de una culpa”. Con lo fácil que es culpar a otro, oiga. ¿Quién de pequeño no ha recurrido traviesamente al “yo no he sido, ha sido él” señalando como Colón al nuevo mundo? Entrañable. Lo que ya no lo es tanto, es que los adultos de esta España nuestra sigan teniendo como asignatura pendiente el asumir responsabilidades sobre sus incompetencias, sin importar las víctimas de guerra que caigan de por medio.

El objeto de mi post es contagiaros de la actitud azul de Twenergy para promover juntos desde esta comunidad la “responsarbolidad”. 

El concepto nace  de la campaña de una empresa de inversiones ecológicas y responsables que impulsa la plantación de árboles para neutralizar o cuando menos minimizar los efectos contaminantes de nuestra existencia cotidiana con una idea simple “devolver a la naturaleza lo que su suyo”. 

Jordi Bigues en su Guía práctica para evitar el cambio climático, la crisis ambiental y forestal, demuestra que los bosques y las selvas son grandes  fijadores de carbono. Los bosques españoles, sin ir más lejos, compensan un 5 % de las emisiones que vertimos por nuestra actividad económica.

¿Quieres hacer algo para mitigar los efectos del cambio climático? Practica la responsárbolidad, compensa tus emisiones contaminantes y frena el calentamiento del planeta plantando árboles.

Si crees que tu huella de carbono (totalidad de gases de efecto invernadero emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo) es insignificante: calcúlala en nuestra calculadora de CO2, y te sorprenderás.

Por ejemplo por tomar una ducha de cinco minutos se consumen unos 100 litros de agua, mientras que en llenar la bañera se gastan en torno a 300 litros. Si eres de los que no puedes renunciar a un bagno caldo, rodearte de velas y escuchar “like a star” de Corinne Bailey Rae. Al día siguiente no mires para otro lado, sé responsable y planta dos paulonias y un cerezo de Santa Lucía. Absorberás 3.000kg de CO2 y te dará para unos cuantos bañitos relajantes tras una dura jornada laboral. Si no estás dispuesto a compensarlo, reflexiona antes de jugar con tu patito de goma.

Con nuestros desplazamientos de casa al trabajo, los vuelos de negocios, el consumo de electricidad en la oficina, el uso del ordenador, al encender las luz o enfriar nuestra casa,  emitimos dióxido de carbono. El CO2 es un gas que se libera cuando los combustibles fósiles como el petróleo, el gas y el carbono queman, y es el culpable del aumento del efecto invernadero que conduce al cambio climático.

Es responsabilidad de todos reducir nuestras propias emisiones de gases de efecto invernadero, y tratar de llegar a la neutralidad de carbono en nuestra vida diaria.

Las compensaciones de carbono no necesariamente tienen que producirse en el mismo lugar donde un individuo u organización genera las emisiones de carbono. Los mecanismos de compensación son muchos y el compromiso de la sociedad (ciudadanos, empresas y gobiernos) es cada vez mayor. Así han proliferado las tecnologías limpias, las medidas de eficiencia energética, la reducción de emisiones de metano de ganado y en vertederos, la gestión forestal eficiente, el uso de energías renovables, etc.

La compensación de emisiones va ligada a los llamados “mercados voluntarios” de emisiones. Según el informe “State of the Voluntary Carbon Markets 2011”, de Ecosystem Marketplace y Bloomberg, en 2010 (el último periodo del que se disponen datos) se han batido récords y el volumen de transacciones ha ascendido a 131 millones de toneladas de CO2 valoradas en 424 millones de dólares.

Este dato supone un aumento del 34% respecto a los 98 millones de toneladas de CO2 que se intercambiaron en 2009, año marcado por la crisis económica. El informe resalta que en 2010 la mayor parte de los proyectos estuvieron ligados a iniciativas relacionadas con la reducción de las emisiones en el uso del suelo. Así, las iniciativas de deforestación evitada supusieron el 29%, seguidos por los de reducción de emisiones de metano en vertederos (16%) y los de energías eólica (11%). Destacan también las iniciativas de aforestación/reforestación (6%), de energía hidráulica (6%), de ODS (6%) y de gestión forestal eficiente (5%).

Si hablamos de emisiones, es obligado mencionar que el protocolo de Kyoto se ha quedado en stand by hasta la próxima COP en París en el 2015. Lamentablemente, la 18ª Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 18),  celebrada en la ciudad de Doha, Qatar, entre el 26 de noviembre y el 7 de diciembre de 2012, alcanzó únicamente un acuerdo de mínimos refrendado por los 194 países reunidos, conocido como Puerta Climática de Doha, y que prorroga hasta 2020 el periodo de compromiso del Protocolo de Kioto, que expiraba este año. Rusia, Japón y Canadá se han quedado fuera y queda pendiente un complicadísimo pacto mundial que debe incluir a Estados Unidos, China, India y Rusia. El Protocolo de Kioto de 1997 obligaba a 35 países industrializados a reducir una media de al menos un 5,2% las emisiones de gases de efecto invernadero tomando como referencia las emisiones de 1990. Nuestro único consuelo es que el objetivo sigue vivo, cogiendo fuerzas para renovarse tras la crisis global que atravesamos.

Mientras tanto, os propongo que seamos responsables y asumamos nuestras culpas sin que terceros paguen nuestros patos(1).

¡¡A plantar paulonias!!

Fondo musical“Just another lemon tree” de Fool’s Garden 

Fuentes: Twenergy / Flickr

(1) Pagar el pato viene de un deporte ecuestre argentino que todavía se practica: el Pato. Ahora se juega con una pelota con asas, y el objetivo es que dos equipos de jinetes se disputen esa pelota jalando de las asas, para arrojarla en una cesta o red, y así se anotan un punto. Antes se jugaba con un pato de verdad (de ahí el nombre del juego). El que ganaba se llevaba el pato, y el que perdía lo pagaba. 

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2 Comentarios
Big

Es muy cierto Marisol, lo poquito que nos cuesta a cada uno de nosotros ser cómplices de un bien futuro, al final se trata de traducir todo tipo de acuerdos internacionales y compromisos políticos en un acto de voluntad egoístamente solidario, si bien no se si las paulonias, perdón por mi ignorancia, son la especie adecuada al entorno donde uno puede distraer un ratito de soleado Domingo por la mañana, si que es cierto que hay un maravilloso elenco de árboles frutales asilvestrados, catalogados como especies autóctonas, que pueden ser parte de la HUELLA que uno tiene que dejar para los que nos heredan. Una mejor HUELLA. Salu2 y todos al monte
Big

Excelente artículo. Yo hace unos días contacté con una asociación que se dedica a repoblar bosques y realicé una donación. :) No tengo posibilidad de hacerlo yo mismo así que colaboro para que lo puedan hacer otros "en mi nombre"

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