A través de imágenes satelitales, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación ha monitoreado el cumplimiento de esta ley, analizando la evolución de 16 provincias (Catamarca, Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Misiones, Salta, San Juan, San Luis, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán).

Las imágenes revelan cómo la tala de árboles en Argentina, en concreto en estos 56 millones de hectáreas de bosques -en su mayoría de especies protegidas-, ha retrocedido. Si entre 2011 y 2013 la deforestación sumó más de 750 mil hectáreas, de 2013 a 2014 el retroceso rebajó la cifra a algo más de 188 mil hectáreas.

A pesar de los efectos positivos de la Ley 26.331, no podemos olvidar que ésta es tan reciente que sólo en el último cuarto de siglo de promedio la tala de árboles en Argentina rondó las 300.000 hectáreas de bosques nativos cada año. De los 34,7 millones de hectáreas de bosques que había en el país en 1990, ahora éstas se cifran en 27,11 millones.

Según informes elaborados por las Naciones Unidas, la Argentina es uno de los 10 países que más deforestan en todo el mundo –encabezados por nuestro vecino Brasil-. Entre las principales causas de estas prácticas de tala de árboles destacan el aumento de superficies cultivadas para la soja, la fabricación de productos confeccionados con madera o la ganadería.

Pero, ¿qué sucede con las consecuencias de esta tala de árboles en Argentina? La  primera, obvio, es la reducción del pulmón de la Tierra, lo que agrava el problema del impacto negativo de los gases de efecto invernadero. Además, existen otras complicaciones que tienen mucho que ver  con esta deforestación aunque no nos lo parezca.

Un ejemplo de ello son las inundaciones. Provincias como Córdoba, Santiago del Estero o Santa Fe, que vieron cómo en los últimos años el avance descontrolado de la frontera agropecuaria favorecía la deforestación, han sufrido graves inundaciones. A fin de cuentas, un bosque actúa ante las precipitaciones tanto como paraguas como de esponja natural. Se calcula que los desmontes son los responsables en un 70 por ciento de las inundaciones.

Por este motivo el retroceso en la tala de árboles es una buena noticia. Sin embargo, es preciso redoblar esfuerzos, no sólo en esa reducción de la deforestación, sino también en la recuperación de las regiones más afectadas.

Fuentes: Noticias ambientales | Clarin 

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