La idea no es nueva. Incluso el propio secretario de Energía de EEUU, Steven Chu, es un gran defensor del uso de los tejados blancos, y ha llegado a decir que si todos los tejados del mundo se volvieran blancos se eliminarían en 20 años tantas emisiones causantes del efecto invernadero como las que emite el mundo entero en un año. Las tejas propuestas por los estudiantes del MIT añaden otra ventaja a las blancas de Chu: como se oscurecen con las bajas temperaturas, ayudan a ahorrar energía también durante el invierno. Son capaces de reflejar el 80% de la luz del sol cuando son blancas y el 30% cuando son negras. Eso significa un 20% de ahorro en el aire acondicionado y un porcentaje de la calefacción invernal que aún se está determinando.

La idea del grupo de estudiantes es aún más ingeniosa si se tiene en cuenta que utilizaron para sus fines un material muy común: un polímero que se utiliza en los fijadores de pelo. Mientras la temperatura se mantiene baja, el polímero se mantiene disuelto y permite ver la parte trasera de la teja que es negra y que se dedica a absorber el calor. Pero cuando la temperatura aumenta, el polímero se condensa formando diminutas gotitas que dispersan la luz y producen una superficie blanca que refleja la luz del sol.

De momento, el proyecto ha ganado el concurso Materials Engineering Contest (MADMEC) organizado por el MIT. Y aunque los materiales son baratos, su gran reto ahora es otro: la perdurabilidad de un elemento que permanece siempre expuesto a la intemperie.

Fuentes: Elaboración propia / comm-cms-1.mit.edu / thermeleon.com / flickr.com

 

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