Una iniciativa de Endesa por la eficiencia y la sostenibilidad

Potencial de las baterías de flujo para la acumulación de la energía distribuida

Álvaro Martínez

El sistema eléctrico actual, sobre todo propiciado por el avance de las energías renovables, está evolucionado y abandonando el modelo de generación centralizada por otro basado en la generación distribuida. Este nuevo contexto requiere nuevas maneras de gestión, en las que las baterías de flujo aportan grandes ventajas.

¿Qué es la generación distribuida?

La generación eléctrica distribuida es la producción de electricidad por plantas de generación a pequeña escala y próxima a los puntos de consumo.

Las tecnologías que pueden emplearse incluyen todo tipo de energías renovables y de energía convencional. Si bien es cierto que la tendencia actual del sistema hace que la mayoría de las plantas de generación distribuida sean de tipo renovable.

La generación distribuida basada en energías renovables requiere, por el carácter intermitente de este tipo de fuentes, un sistema de almacenamiento que permita gestionar adecuadamente la generación de energía. En este sentido, la utilización de las baterías de flujo es una de las opciones más adecuadas.

¿Qué es una batería de flujo?

Una batería de flujo es un dispositivo de almacenamiento electroquímico. Ésta permite convertir la energía eléctrica en energía química mediante reacciones de oxidación-reducción para almacenarla. Del mismo modo, este proceso redox puede invertirse de forma controlada cuando se requiera utilizar la electricidad.

La diferencia principal de este tipo de baterías respecto a las tradicionales es que los electrolitos se almacenan en depósitos de acumulación, en vez de tratarse de un sistema cerrado.

Actualmente, los dos tipos más importantes son las baterías de zinc-bromo (Zn-Br) y las baterías de vanadio (VRB), siendo esta última la tecnología más interesante para el almacenamiento.

¿Qué ventajas aportan las baterías de flujo en un contexto de generación distribuida?

Las baterías de flujo, y especialmente las baterías de vanadio, aportan a la generación distribuida una alternativa segura para el almacenamiento de energía lo que reduce el riesgo de fallo del sistema.

Estas baterías, por sus características, tienen una gran rapidez de respuesta lo que permite que el sistema se adapte rápidamente a los cambios de demanda al mismo tiempo que suaviza los perfiles variables de la generación de energía renovables.

Así mismo, al almacenar el electrolito en tanques, se puede adecuar y particularizar la capacidad de almacenamiento a cada proyecto. Es decir; modificando la capacidad de los tanques puede cambiarse la capacidad de almacenamiento. Esto también provoca un bajo nivel de pérdidas por autodescarga.

En definitiva, en un contexto energético actual donde la penetración de las energías renovables es un hecho y la generación distribuida está cada vez más cerca, se hace indispensable el almacenamiento de energía en baterías que ofrezcan las mejores prestaciones, como son las baterías de flujo.

Fuentes: Elaboración propia / madri+d / Revista digital INESEM

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