La contaminación del agua en Argentina, dada la cantidad de ríos y acuíferos con que cuenta el país, es un frente ante el cual las autoridades no quieren relajarse. Aunque es verdad que todavía existen puntos negros en nuestro expediente, como la Cuenca Matanza Riachuelo -una de las más contaminadas del mundo-, no es menos cierto que los controles preventivos comienzan a surtir efecto.

En este sentido y gracias a las inspecciones llevadas a cabo en Mendoza por el Departamento General de Irrigación, recién supimos que buena parte de las industrias vitivinícolas no tenían sistema de tratamiento de agua. No sólo se pusieron en marcha las medidas correctoras debidas sino que, además, se ampliaron las inspecciones en las empresas de los más diversos rubros, desde las bodegas a las procesadoras de productos vegetales, empresas petroquímicas, yacimientos petroleros o la hotelería, entre otros.

No obstante, es importante resaltar que, aunque en la mayoría de los casos se debe a los vertidos industriales, los desechos arrojados por particulares y las aguas negras de las viviendas también contribuyen al deterioro de la calidad del agua. Es decir, que nosotros mismos también podemos combatir la contaminación del agua en Argentina, reduciendo vertidos de ácidos y metales pesados, como los compuestos de mercurio y plomo.

De manera paralela a los controles de las aguas, figuran los métodos de descontaminación de los ríos y acuíferos. Entre los últimos mecanismos empleados destacan las plantas de tratamiento naturales como ecosistemas artificiales para detoxificar y purificar las aguas residuales o ingenios sustentables como las boyas solares que contribuyen a la oxigenación de las aguas de los ríos.

Por otro lado, los investigadores no se conforman con los métodos existentes para combatir la contaminación del agua en Argentina y trabajan incansablemente en la búsqueda de nuevas maneras sustentables de atajar el problema. Una prueba de ello es la tesis de un estudiante de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en la que describe cómo la planta totora es capaz de absorber los contaminantes del agua. En sus primeras pruebas, el investigador ha conseguido que la planta absorba fósforo y nitrógeno en los humedales –que los usa como nutrientes-, trabajando ya en la absorción de otros metales como el cromo, níquel y zinc.

Asimismo, otra de las vías de detoxificación en que trabaja la UNL es la aplicación del ultrasonido. Los científicos han logrado descontaminar 100 litros de agua por hora gracias a la aplicación de un equipo que emite bajas frecuencias. Estos ultrasonidos pueden convertirse en una gran alternativa en la lucha contra la contaminación del agua en Argentina, pues consiguen provocar la implosión de burbujas, así como generar altas temperaturas y presiones que degradan a los contaminantes.

Fuentes: La Gran Época | Mendozaopina | Notife | lt10digital

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