Tratándose de El Niño, ni siquiera un año bueno puede garantizar que no haya consecuencias, y este viene precisamente fuerte, con previsiones que hablan de que alcanzará su mayor intensidad este mes de enero, y que la situación podría extenderse hasta mayo o incluso junio de 2016. Los expertos sitúan a este Niño como uno de los más potentes de los últimos 65 años.

¿Qué es El Niño y a qué regiones afecta más?

Hablamos de un fenómeno cíclico, causante de grandes desajustes climatológicos, que tiene su origen en el calentamiento del océano Pacífico, y cuyos efectos pueden causar estragos en la población y en el medio ambiente en los países de la cuenca del Pacífico. En algunas zonas, pueden generarse lluvias intensas. En otras, fuertes sequías, con sus correspondientes consecuencias en sectores como la agricultura, la pesca, la energía hidroeléctrica o el transporte.

Colombia vive de hecho este año una grave sequía (con un descenso de un 30% menos de lluvia que los índices históricos), que tiene castigados a cerca de 300 municipios con racionamiento de agua, por la bajada de niveles en ríos y quebradas. La Costa Atlántica (Guajira, Cesar y Magdalena); el altiplano cundiboyacense, el sur del país (Huila) y regiones como Arauca y Casanare son las más vulnerables históricamente al fenómeno. Las medidas de ahorro energético y de agua entran aquí en juego.

¿Por qué le tememos tanto? ¿Qué consecuencias puede traer El Niño?

El Niño puede tener las siguientes consecuencias para Colombia, tal como explicaba en su momento la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD): “Se afecta la agricultura; se limita la generación de energía; se incrementan los incendios forestales; disminuye el nivel de los caudales; en algunos lugares, no hay agua, ¡ni siquiera! para el consumo humano, entre otras múltiples situaciones lamentables”.

El incremento de los incendios forestales puede significar alerta roja, pero existen además consecuencias no medioambientales, pero igual de importantes, en las que también debemos pensar, la desnutrición y el mayor riesgo de enfermedades, sobre todo infantiles, tal como ha apuntado la propia Unicef es una de ellas. Y la subida de precio de los servicios públicos de agua y electricidad, otra.

Para Colombia, El Niño es cosa seria, por lo que se destinan millones de pesos para enfrentarlo cada año, y forma parte incluso de la agenda gubernamental, que elaboró la temporada pasada un instructivo sobre cómo afrontarlo. La propia Unicef señala que los países más vulnerables a El Niño en Suramérica parecen estar mejor preparados que hace veinte años. Pero nunca conviene bajar la guardia.

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