Además, la acción de este tratamiento sin oxígeno tiene además otros beneficios añadidos, como eliminar los malos olores y la proliferación de moscas. La biodigestión reduce la demanda química y biológica de oxígeno hasta en un 90%. A esto podemos llamarle descontaminación y, desde luego, aprovechamiento de los recursos de manera óptima.

Y un dato muy importante: este sistema resulta económico y sencillo de implementar. El biodigestor se puede construir con materiales baratos, es de fácil elaboración y se puede poner en funcionamiento en cualquier finca. De hecho los biodigestores se emplean en muchos países en vías de desarrollo (se calcula que hay 30 millones funcionando en el mundo), pero en Sudamérica sólo Cuba, Brasil, Costa Rica y Colombia han desarrollado esta tecnología en áreas rurales. Un ejemplo de una aplicación básica que se puede obtener gracias a los biodigestores es cocinar con el gas que generan.

En muchas zonas de nuestro país se trabaja para aprovechar los residuos orgánicos para producir energía, como el Jardín Botánico de Bogotá, que producirá su propia energía y reciclará dos toneladas diarias de residuos en una planta de biogasificación. Medellín, por ejemplo, produce biogás en la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales San Fernando, donde se limpian las aguas del río Medellín, y también en el Relleno Sanitario de la Pradera, encargado del tratamiento de residuos urbanos de la región.

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