En función de su origen, las principales clases de energía son dos. Las energías renovables y las no renovables.

Las primeras suponen un 92 % del consumo energético total en España y se extraen de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón o el gas, así como de minerales como el uranio, que produce energía eléctrica. Dado que sus reservas son limitadas y van disminuyendo, sus costes de explotación son cada vez más elevados, lo que nos obliga a hacer un consumo más responsable en el día a día. Según datos del 2008, el petróleo supone un 47,9 % del consumo de energía primaria, mientras que el gas natural aporta el 24,5%. El 9,8% corresponde al carbón y un 10,8 % al uranio.

El resto del consumo de energía primaria se cubriría con energías renovables, como la energía solar, hidráulica y eólica. Éstas provienen de recursos naturales a los que se puede acudir de forma permanente, como el sol y el viento y tienen un impacto ambiental nulo en la emisión de gases de efecto invernadero, como el CO?. También se consideran energías renovables la biomasa, la energía mareomotriz (aprovecha las mareas), la de las olas y la geotérmica. En el mismo año, este tipo de energías han representado el 7,6% del consumo de energía primaria en España. De este porcentaje, el 6,2 % se obtuvo de energías renovables no hidráulicas (biomasa y eólica, principalmente). La Unión Europea se ha fijado como objetivo que en el año 2020 el 20% del consumo final bruto sea aportado por energías renovables.

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