Países Bajos. Holanda es el país de los tulipanes, pero también el de las bicicletas. Todos los paisajes de los Países Bajos invitan a descubrirse a golpe de pedal. Ámsterdam cuenta con 40 kilómetros habilitados para rutas que no sólo recorren todos los rincones de la ciudad sino que además se extienden a paisajes de molinos, flores y canales. Los holandeses tienen una mentalidad muy protectora sobre los ciclistas, lo que hará aún más agradable el viaje. Una ruta muy aconsejable que dura 10 días es la que rodea el Ijselmeer, el mar interior de Holanda, y que discurre entre pintorescos pueblecitos marineros.

Islas Lofoten, Noruega. Pedalear por encima del Círculo Polar, entre los bellos paisajes de la costa norte de Noruega, promete ser una aventura onírica. Sendas interminables, tranquilidad y mucha naturaleza es lo que ofrecen las Islas Lofoten, cuyas carreteras son perfectas para recorrer sobre dos ruedas. Aunque no hay carriles bici, el escaso tráfico ayuda a circular con mucha seguridad. En la ruta, es posible disfrutar de la cercanía del mar más salvaje, de acantilados vertiginosos y de pueblos pesqueros, como Nufjord, Leknes, Storfjord, Smorten y Svolvaer, sencillamente inolvidables. Hay dos itinerarios muy interesantes: el de Fiskebøl-Laukvik-Svolvær de 68 kilómetros y el que recorre Henningsvær-Stamsund, de 63 kilómetros.

Los Castillos del Loira, Francia. Recorrer los Castillos del Loira en bicicleta es todo un clásico, un viaje por una de las zonas naturales más bellas de Francia, donde además de bonitas fortalezas, encontramos fascinantes bosques y parques naturales, como el humedal de Brenne, el  parque natural de Perche, el de Loira-Anjou-Touraine o el bosque de Orleans. Todos ellos con buenas infraestructuras para hacer que el viaje sobre el sillín sea todo un éxito. En total, existen en la zona del Loira más de 2.000 kilómetros de rutas señalizadas para hacer en bici y más de 200 itinerarios posibles que combinan en un mismo viaje poblaciones, viñedos, zonas naturales y chateaux de cuento. Tres recorridos muy atractivos son los que unen Orléans- Beaugency, siguiendo los pasos de Juana de Arco (30 km); Blois – Chaumont-sur-Loire, un bonito itinerario entre arte y naturaleza (21 Km);  y Tours-Villandry, una ruta que comienza en los antiguos barrios de Tours y termina en los célebres jardines renacentistas del castillo de Villandry (21 Km).

Austria y Alemania, a orillas del Danubio. Una buena forma de atravesar el corazón de Europa en bicicleta es por el Donauradweg, el carril-bici del Danubio. Comienza en Donaueschigen (Alemania) y termina en Viena (Austria). El tramo alemán son 592 kilómetros (hasta Passau) y después otros 340 hasta Viena. El viaje transcurre por bellos paisajes y pueblos que merecen una parada. Además, la infraestructura que ofrece al ciclista es de sobresaliente. La ruta se ha convertido en un lugar lleno de talleres de reparación para bicis, casas rurales, zonas de descanso y otros muchos servicios pensados sobre todo para ciclistas. Hay hasta un tren con vagón de carga para bicis que conecta Passau con Viena: el Rad Tramper. También en Alemania, una ruta especialmente romántica para hacer en bicicleta es la que recorre los lagos Bávaros, entre las altas cumbres de los Alpes. En ella se cruza la Reserva Natural de Murnauer Moos, y se visitan lugares como el lago Tegernsee o el pueblo de Wallgau. Todo en un marco de ensueño.

El Algarve, Portugal. En esta bonita comarca portuguesa encontramos la ruta de Escovia do Litoral, un camino verde que permite pedalear con toda la familia por 12 municipios de la costa sur del Algarve, como Sagres, el Faro, Portimao o Lagos, entre otros. Su recorrido de más de 200 kilómetros nos descubre una increíble variedad de paisajes que incluye bosques, estuarios llenos de aves protegidas y pequeños pueblecitos donde hacer un merecido descanso. Y todo con el infinito azul del Atlántico de fondo.

 

Fuentes: elpais.com | traveler.es

 

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