Recarga de coches eléctricosUn poco de historia sobre el coche eléctrico

De acuerdo, eran lentos, pero su simplicidad, fiabilidad, y suavidad de marcha les hacía más populares entre la burguesía, los únicos que podían tener a su alcance semejante lujo, frente a los primeros automóviles de combustión interna, contaminantes, sucios y ruidosos. Sin embargo, pronto algunas empresas como la General Motors, Standar Oil y Firestone, se encargaron de transformar el coche en una necesidad, al comprar las principales compañías de tranvía e instaurar en su lugar una red de autobuses de mala calidad, para impulsar la compra de automóviles privados a mediados de los 60. Para entonces, los vehículos propulsados por gasolina ya estaban muy avanzados y su popularidad había superado con creces a los eléctricos.

Los altos directivos no sabían que se iban a encontrar con una crisis del petróleo como la que tuvo lugar en los años 70, que forzó a los fabricantes de coches a buscar alternativas a dicha fuente de energía. Pero no es hasta 1990 cuando aparece el coche eléctrico más famoso de la historia: el General Motors Experimental Vehicle 1 (EV1).

Novedosos sistemas de recarga

Desde aquel vehículo inaudito, los coches eléctricos han evolucionado mucho. Hoy en día los hay que se recargan con mucha velocidad, los hay de emisión cero o de bajas emisiones. Pero en lo que todos coincidían hasta ahora era en que sus conductores tenían que pasearse con caras y pesadas baterías que tenían que enchufar para la recarga del vehículo, exponiéndose a la posibilidad de ser robadas, y con la incomodidad que eso conllevaba de tener que parar, dependiendo del tipo de coche, cada 40-80 km (los de autonomía extendida) o cada 120-200 km (los de autonomía media).

Parece que en los últimos meses el sistema de recarga está cambiando, potenciando de esta manera y una vez más, el uso del coche eléctrico. Algunas empresas como HaloIPT, una compañía líder en transferencia de energía inductiva (IPT) u otras como Witricity, aliada de Toyota, se han apresurado en crear un sistema que se basa en la resonancia magnética para transmitir la energía desde la plataforma de transmisión, ubicada en el suelo, hasta la almohadilla de recepción en el interior del coche eléctrico. Es decir, el coche sólo tiene que estar aparcado o conduciendo por encima de dicho aparato para que le sea trasmitida la energía.

El sistema consta de dos partes: un aparato en el que, al hacer pasar corriente eléctrica por éste, a una determinada frecuencia, se crea un campo electromagnético que llega hasta la segunda parte del sistema: una almohadilla o placa colocada en la parte inferior del coche, donde también hay una bobina, en la que se induce la corriente eléctrica con el campo electromagnético que incide sobre ella. Por medio de esta base la energía pasa al coche. Aunque ambas partes se retroalimentan, existe el problema de que se pierde una pequeña parte de la energía, al menos por ahora.
Los amantes de coches eléctricos ya están a la espera de que se modernice el sistema, para que se pueda conseguir el mayor de los logros: cargar el vehículo al mismo tiempo que se está conduciendo.

Aunque el precio no está claro todavía, puesto que depende del tipo de coche y también de las ayudas gubernamentales que vaya recibiendo este sistema, HaloIPT asegura que se trata de un coste comparable al sistema de recarga con enchufes. De momento, el transporte público de ciudades como Génova o Turín, así como algunos curiosos lugares como el submarino Nautilus de Disneyland, ya utilizan este sistema. Esperemos que pronto se haga accesible para la población y que las políticas gubernamentales lo favorezcan y no se dejen llevar por el imperio del oro negro.

Fuentes: Twenergy / Xataka: Gadgets y electrónica de consumo / Motor pasión / Ecoperiódico / HaloIPT / Flickr

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