Hoy en día la sociedad trata de dar una respuesta a sus retos de forma sostenible. La escasez de agua potable, una necesidad básica para la población, es un claro ejemplo. Para abastecer a la población de agua potable o disponer de agua para el riego de los cultivos, algunos países, como es el caso de los desérticos, deben recurrir a la desalinización. Es el caso de Arabia Saudita, Estados Unidos, Argelia, China o España. Pero este proceso que elimina la sal y otros minerales del agua de mar y la convierte en agua potable tiene sus pros y sus contras.

Los beneficios son claros: disponer de agua potable en aquellos lugares en los que escasea, pero, por el lado de los inconvenientes, se trata de un proceso que necesita de mucha energía y por tanto es caro. Además las plantas desaladoras producen un impacto en los ecosistemas marinos que es preciso valorar. Para solucionar de la forma más eficiente posible el coste energético de la desalinización, se están empezando a aplicar con éxito las energías renovables.

La solución: energía solar

La aplicación de la energía solar en el proceso desalinización permite, de una parte, disminuir los costes y, de otra,  reducir las emisiones de gases contaminantes, ya que la mayoría de las plantas de desalinización emplean combustibles fósiles como energía.

La agencia nacional de investigación de Arabia Saudí, la KACST, en sus siglas en inglés, está construyendo la mayor planta mundial de desalinización mediante energía solar en la ciudad de Al-Khafji. La planta utilizará un nuevo tipo de tecnología de concentración solar fotovoltaica (FV), así como nuevas tecnologías de filtración de agua.

Está previsto que, desde finales de este año, la planta produzca 30.000 metros cúbicos de agua desalada al día, suficientes para dar servicio a 100.000 personas.

La energía solar fotovoltaica concentrada de la nueva planta y los sistemas de ósmosis inversa utilizarán materiales avanzados y desarrollados por IBM para la fabricación de chips de ordenador.

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