MaderaLos seres humanos somos parte de la naturaleza y como tales tenemos que estar dentro de sus ciclos. Sin embargo, desde la revolución industrial, nuestros procesos productivos no han seguido una estructura cíclica, sino que se han desarrollado de manera lineal: los seres humanos elaboramos objetos a partir de materias primas, realizando un proceso productivo que emplea energía, muy a menudo producida a partir de fuentes no renovables, y generamos desechos durante la manufactura y al final de la vida útil de los productos, que no vuelven normalmente a ser materias primas.

Desde hace algunas décadas existe un intento de aprender de la naturaleza y de aplicar a los procesos productivos las estrategias que ésta ha ido desarrollando a lo largo de todo este tiempo: es la llamada «Ecología Industrial», que quiere tender a cerrar el ciclo de materia y obtener un nivel cero de residuos usando los subproductos y residuos de una industria como materia prima de otras, exactamente como pasa en los ecosistemas naturales. Son evidentes los beneficios económicos, sociales y medioambientales frente a la manera de producir convencional, contribuyendo de esta forma al desarrollo razonable de nuestras sociedades.

Experiencias pioneras

El ejemplo más brillante de la aplicación de la ecología industrial es el parque empresarial de la ciudad danesa de Kalundborg, donde se ha construido una simbiosis muy interesante entre distintos procesos productivos: una central eléctrica, una refinería, una planta de ácido sulfúrico y otra farmacéutica, una industria de paneles de cartón yeso, una planta de biomasa, las granjas acuícolas, porcinas y de cultivo, y la propia ciudad de Kalundborg se han organizado para «copiar» la naturaleza.

La planta eléctrica, por ejemplo, vende vapor a la refinería y a la planta farmacéutica, y el calor obtenido de los generadores se usa para la calefacción de edificios en la ciudad, así como para calentar invernaderos y granjas acuícolas. A su vez, la refinería vende gas y agua de enfriamiento a la planta eléctrica, y el azufre que produce se envía a la planta de ácido sulfúrico, mientras la industria de paneles de cartón yeso utiliza el sulfato de calcio enviado por la planta eléctrica y el gas combustible de la refinería; al mismo tiempo que la planta farmacéutica genera un lodo biológico que es usado como fertilizante en las granjas, y la mezcla de levadura en la producción de insulina se utiliza como suplemento para alimentar cerdos.

Aunque es un concepto relativamente nuevo, en España también se empieza a trabajar en este campo y seguramente oiremos hablar más de iniciativas como ésta en los próximos años.

Fuente: portalsostenibilidad.upc.edusymbiosis.dk / unimoron.edu.ar / flickr.com

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