El estudio de la ecología de poblaciones, también conocida como demoecología o ecología demográfica, recoge un abanico de variables extraordinariamente amplio, no sólo de los individuos en sí -con diferentes edades, sexo, tamaños, etc.-, sino de todo lo que existen a su alrededor, es decir, los recursos espaciales (alimento, refugios, agua, radiación solar…), las condiciones (temperatura, precipitaciones, humedad…) y, por supuesto, los amigos o enemigos que pueden llegar a tener. Y, además, considerando todas esas variables en diferentes ciclos temporales, ya sean diurnos/nocturnos, estacionales o multianuales.

La ecología de poblaciones es importante para conocer la biodiversidad de las diferentes especies. En la imagen se muestran las siluetas de unas personas en la playa, al atardecer.

Conocer en profundidad estas dinámicas, ahondando en sus causas, es una herramienta muy valiosa para preservar la biodiversidad.

Se trata de un estudio complejo, desde luego, pero que tiene una extraordinaria utilidad para entender la tasa de mortalidad, de natalidad o los flujos migratorios de las especies, de las poblaciones que impactan directamente en el ecosistema.

Para ello, como ciencia que es, la ecología de poblaciones trabaja con curvas logísticas, fórmulas matemáticas que emanan directamente de la disciplina demográfica.

¿Y con qué datos se nutren estas fórmulas?

Con los obtenidos a pie de campo para la realización de censos, así como de los diferentes muestreos necesarios para cubrir todas los componentes de esta rama de la ecología.

Queda claro, pues, que lo que no se puede medir no se puede valorar, no se puede analizar. Por eso, aunque poco conocida, la ecología de poblaciones ya se encuentra en los temarios de las principales universidades y másteres medioambientales.

De su estudio, del análisis de la dinámica de las poblaciones podremos conocer, prever y reaccionar a los impactos ambientales.

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