Estas etiquetas, vigentes desde el año 2007, están reguladas por la resolución 319/99 de la ex Secretaría de Industria, Comercio y Minería de la Nación y por la resolución 35/05 de la ex Secretaría de Coordinación Técnica del Ministerio de Economía y Producción, y constan de dos partes:

La primera de ellas hace referencia a la marca y la clase de eficiencia del electrodoméstico. Para ello se sirve de una escala de letras y colores, donde la clase A y el color verde corresponderían al mayor grado de eficiencia, mientras que el color rojo y la letra G a los equipos menos eficientes.

La segunda parte de esta etiqueta muestra la funcionalidad de cada aparato.

Si bien es verdad que los aparatos de clase A suelen resultar más caros monetariamente que los G, no es menos cierto que a largo plazo son más rentables. Un electrodoméstico de color rojo y clase G puede llegar a consumir hasta el triple de energía que los más eficientes, algo que sin duda se notará en la boleta de la luz.

Así pues, gracias a la implementación de estas etiquetas, los consumidores podrán mejorar su racionalidad a la hora de adquirir nuevos equipos. Sin embargo, los beneficios del etiquetado no vienen únicamente del lado del consumidor, también de los fabricantes puesto que promueve entre ellos un esfuerzo tecnológico para alcanzar mejores niveles de competitividad. Asimismo y desde la óptica medioambiental, mediante la reducción de la demanda de electricidad se minimiza la emisión de gases de efecto invernadero, mitigando los problemas asociados a la generación.

Estas etiquetas cuentan con la garantía del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), que es el Organismo Certificador de Productos y para obtenerla es preciso que los electrodomésticos se sometan a exhaustivas pruebas de laboratorio.

Sólo en el caso de una heladera, por ejemplo, ha de pasar ensayos de consumo de energía, de elevación de temperatura o de congelamiento, así como determinar tanto los volúmenes para alimentos frescos y congelados,  verificar las diferentes temperaturas de almacenamiento o, incluso, establecer el nivel de ruido según normas internacionales como IRAM 2404.

Las etiquetas de eficiencia energética no sólo se aplican a los electrodomésticos y, desde el año pasado, también cuentan con ellas las lámparas fluorescentes, tanto simples como de doble casquillo.

Fuentes: INTI | Secretaría de Energía | Sitio Andino | Flickr

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