Los berlineses votaron en referéndum hace unos años para que el antiguo aeropuerto, recientemente cerrado, no se convirtiese en una nueva zona de expansión urbanística sino en un parque más de la ciudad abierto a toda la ciudadanía.

Aeropuerto Tempelhof convertido en parque

La decisión por Referéndum

El 64,3% votó en contra a emplear el terreno para construir viviendas y edificios para negocios, por muy rentable que la operación hubiese resultado. El resultado es ahora una atracción turística, uno de los lugares favoritos de los habitantes de la ciudad y un espacio que, como pudimos comprobar, impresiona al visitante con sus increíbles dimensiones.

El proyecto salió adelante hace unos años, como se recogió en el artículo acerca del mayor jardín urbano del mundo, cuando se esperaba que antes de 2017, como ha sido el caso, el aeropuerto se convirtiese en el mayor jardín urbano existente. El plan fusionaba mantenimiento de los espacios históricos al tiempo que apuntaba por una reinvención y recuperación para nuevos usos.

Tempelhof: el mayor aeropuerto del mundo

Los edificios del antiguo aeropuerto han sido conservados. La terminal, construida en los años 30, no solo fue en su momento de nacimiento el mayor aeropuerto del mundo, sino que además es el vínculo que queda con la terminal anterior. Aquella  que daba servicio al que algunos consideran el más antiguo aeropuerto del mundo.

Aeropuerto de Tempelhof en la antigüedad

Para la historia berlinesa, el Aeropuerto de Tempelhof es también un espacio significativo, ya que fue allí donde empezó el puente aéreo que durante la Guerra Fría permitió romper con el bloqueo que la URSS había impuesto al Berlín Oeste. Este bloqueo impedía la entrada en la ciudad de alimentos y otros bienes de primera necesidad. Estos vuelos fueron los que salvaron a los berlineses occidentales de morir de hambre.

Un hogar para refugiados

El nuevo espacio, por tanto, ha mantenido lo existente, integrándolo y recuperándolo para nuevos usos. La terminal ha servido desde para acoger eventos temáticos, como semanas de la moda, hasta para asumir fines humanitarios.

Los viejos hangares fueron convertidos en 2015 en un hogar para 2.300 personas, lo que permitió a la ciudad acoger a refugiados de Afganistán, Pakistán y Siria. “Creo que la idea de utilizar los hangares para dar albergue a los refugiados es una gran idea, porque este aeropuerto sigue siendo un símbolo de solidaridad y libertad”. Apuntaba entonces una habitante de la ciudad a la prensa, señalando que este nuevo uso resultaba casi un homenaje a la historia del aeropuerto.

Características del parque

Pero más allá de los usos que se les da a los edificios, lo llamativo para el visitante es lo que se ha conseguido con los espacios exteriores. Las antiguas pistas de despegue y aterrizaje, que eran una fuente de contaminación tanto atmosférica como acústica, son ahora espacios verdes.

El parque actual de Tempelhof

Además de zonas para practicar diferentes deportes (hay hasta zonas para deportes de viento), existen áreas para hacer barbacoas, zonas de picnic, espacios para perros, etc. La zona está igualmente abriéndose poco a poco a la naturaleza. El asfalto convive ahora con isletas con árboles y césped, plantados respetando una estricta normativa de protección del espacio.

El parque cuenta igualmente con zonas que funcionan como santuario para aves. Los mapas repartidos por las diferentes entradas las señalan claramente y dan recomendaciones para no molestar a los pájaros. Algunas estimaciones ya apuntan que 68 especies de escarabajos y algo más de un centenar de tipos de araña han hecho de Tempelhof su casa.

En total, los berlineses y sus visitantes han conquistado y recuperado más de 300 hectáreas de terreno. La abrumadora dimensión del espacio resulta más evidente cuando se compara de forma práctica. El parque del aeropuerto de Tempelhof es mayor que zonas verdes tan emblemáticas como Central Park en Nueva York. 

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