Diseño y recicladoEl tratamiento adecuado puede convertir el caucho de neumáticos antiguos en un nuevo material apto para una suerte de imprevista marroquinería. Bolsos, carteras, monederos o lo que se nos ocurra. Algunos modelos aprovechan incluso las válvulas de inflado como cierre o enganche.

Algo tan inesperado como la cáscara de un coco se revela como uno de los mejores materiales para revestir paredes. De gran resistencia, amortigua la contaminación acústica, repele la humedad, los hongos y los insectos.

La bisutería también se aprovecha de esta iniciativa. Nada puede hacernos pensar que una elegante gargantilla que brilla como si estuviera tejida con hilos de seda puede proceder de los restos del PVC que reciclamos en nuestros cubos amarillos.

Y más allá de la transformación de los materiales, se impone la descontextualización de los objetos. Ya no se precisan minerales preciosos ni metales nobles. El ingenio es la fuente de inspiración para estos diseñadores que le dan la vuelta a todo lo que se presta a ello. La vajilla de porcelana de la abuela se convierte en llamativos pendientes con un aire vintage. Un cenicero troquelado es un original brazalete e incluso un juego de cartabones y transportadores de ángulos dejan el papel milimetrado y se incorporan a broches, colgantes y horquillas.

La moda no se queda atrás y lo mismo podemos hacernos con un vestido tejido con nailón procedente de medias víctimas de las temidas «carreras» o impactar con lo último de lo último: una chaqueta con una placa solar incorporada que al hacer contacto con los aparatitos electrónicos que llevamos encima, los recarga. Y es que ya se sabe que la energía ni se crea ni se destruye, se transforma.

Fuentes: Twenergy / El País / Bienal Iberoamericana de Diseño / Ekobe / Coolhunting.com / Flickr

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