A los ya conocidos paneles fotovoltaicos o los calefones, se suman ahora otros elementos que aprovechan la luz del sol como es el caso de los deshidratadores, los hornos y las cocinas parabólicas, compuestas por un paraboloide de aluminio pulido a espejo.

Gracias a su sistema de concentración de los rayos solares en un foco, este tipo de cocinas pueden llegar a alcanzar temperaturas cercanas a los 400ºC, lo que reduce los tiempos de cocción (un chivito se puede cocinar en unas dos horas). Aunque permite la preparación de todo tipo de comidas, están especialmente recomendadas para las frituras, como las empanadas. Entre las ventajas de este tipo de cocinas, de manejo fácil aunque requiere atención permanente durante la cocción, también destaca la facilidad de esterilización del agua por ebullición.

Otra variante de cocina solar, además de las parabólicas, son las comunitarias, compuestas por un colector plano con su acumulador de calor y dos ollas adosadas. El sistema funciona mediante la circulación automática de aceite calentado por energía solar en un circuito cerrado, pudiendo superar los 180ºC. Ofrecen una mayor capacidad de cocción que las parabólicas –hasta 20 personas– con la ventaja añadida de que, gracias a un almacén térmico, es posible utilizarla también en horas de la noche.

Originariamente, las cocinas solares fueron concebidas a finales los años 90 para las zonas rurales pero lentamente han ido ganando adeptos en la ciudad. Uno de los motivos para ello es el ahorro que supone al reducir drásticamente el servicio de provisión de gas y energía eléctrica, dado que uno de estos hornos solares cuesta entre $ 900 y $ 1.100 y tiene una vida útil de unos 20 años.

Asimismo, la salud es otro de los factores que ha hecho crecer el número de estas cocinas solares, puesto que la comida preparada en ellas es mucho más saludable que la que podemos hacer en el horno tradicional, evitando la pérdida de nutrientes y, en el caso de las verduras, por ejemplo, conservándolas mucho más naturales y con el olor y el sabor característico. En ellas es posible elaborar desde guisos, budines, carnes, sopas o pizzas a, incluso, mermeladas y conservas al natural.

Bon Appetit!

Fuentes: Twenergy / Los Andes / El Sol / EFE / oni.escuelas.edu.ar /  Flickr

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