Una iniciativa de Endesa por la eficiencia y la sostenibilidad

El coste medioambiental del comercio electrónico

El comercio electrónico se ha convertido en una parte muy importante de nuestro día a día. Cada vez compramos más online y además lo hacemos cada vez desde más lugares y desde más dispositivos. Ahora que nos llevamos nuestros móviles a todas partes y que estamos conectados en todo momento, gracias al omnipresente WiFi y a la caída en los últimos años de los precios de las tarifas de navegación móvil, comprar desde el smartphone nos parece lo más fácil y cómodo del mundo. Es la era del reinado del ecommerce.

El peso del comercio electrónico es abrumador. Solo en España y en 2016 (el último año analizado al completo por la CNMC), se facturaron 24.185 millones de euros al año en ventas realizadas a través de internet. No solo eso: las ventas y sus cifras asociadas están creciendo. En 2016 compramos un 20,8% más online que en 2015.

Las fechas de consumo destacadas, como pueden ser las Navidades o el cada vez más de moda Black Friday, son además momentos en los que el uso de la red para hacer compras crece. Según las estimaciones del Estudio Anual de Hábitos de Consumo en Navidad 2017 realizado por Showroomprive.es, por ejemplo, casi el 30% de los españoles hizo durante estas Navidades (o al menos eso era lo que preveían en el arranque de la campaña) el 75% de sus compras en la red. A eso se suma que, si se les preguntaba sobre sus intenciones de consumo al grueso en general, las cifras de la red iban en aumento. El 28,07% de los consumidores creía que compraría un poco más online y el 22,33% que compraría mucho más en la red.

Todas estas cifras demuestran lo importante que es el comercio electrónico y lo mucho que está creciendo, pero ¿es este crecimiento una amenaza también para el medio ambiente?

El problema tiene solución

Antes de nada, habría que señalar que, a pesar de todo, comprar online puede ser responsable y respetuoso con el medio ambiente. Lo puede ser partiendo de las acciones de los consumidores y lo pueden ser también desde los distribuidores. En el primer caso, los compradores tienen que pensar bien cómo sus acciones afectan al entorno. No comprar cada cosa por separado y optar por envíos conjuntos o no pedir un envío rápido a menos que sea realmente necesario son algunas de las acciones que se pueden tomar.

En el caso de las compañías logísticas, estas están ya haciendo análisis y estudios de mercado para intentar paliar estos efectos y para ser responsables con el entorno. No son pocas las que cuentan ya con planes verdes, como puede ser el caso de Seur, el socio de reparto de la Tienda Twenergy, que ha puesto en marcha el programa DrivingChange para mejorar su efecto sobre el entorno.

Como explican desde la propia compañía en su web, están trabajando "para neutralizar nuestra huella de carbono y hacer que cada envío que entregamos sea carbón neutral". Así, han puesto en marcha diversas medidas para reducir los efectos contaminantes de su actividad o ser más eficientes en las entregas. Es lo que hacen en las ciudades, por ejemplo, donde cuentan con repartidores en bicicleta o una estrategia de reparto inteligente.

El lado poco verde del ecommerce

Además y de entrada, el ecommerce no tiene que ser menos respetuoso con la naturaleza de lo que lo es el comercio tradicional. Al fin y al cabo, para mover los productos que se compran online hay que echar mano de medios de transporte, pero lo mismo ocurre con los productos que compramos offline. El comercio electrónico empieza a ser sin embargo poco respetuoso con el entorno cuando los consumidores cambiamos cómo queremos recibir los productos que compramos.

Como recuerdan desde la Universidad de California, todo es una cuestión de eficiencia. Las tiendas online nos intentan seducir cada vez más con procesos de entrega más y más rápidos porque eso es lo que los consumidores buscamos cada vez más. Los diferentes estudios sobre ecommerce y expectativas de los consumidores suelen destacar como, a medida que nos vamos acostumbrando al comercio electrónico y este empieza a ofrecer comodidades y mejoras, los tiempos de entrega son la cuestión que marca la diferencia.

El mejor vendedor online es el que más rápido nos trae el producto, o al menos eso es lo que sentimos, lo que hace que todos ellos intenten posicionarse con la entrega inmediata. El ‘de hoy para mañana’ es lo que nos parece más interesante.

Pero eso es también lo que acaba resultando más contaminante. Se podría decir que las compras online son más verdes que las offline, menos cuando se escoge la opción de entrega rápida. Esto no solo es una pesadilla logística para las empresas que venden online, que se tienen que esforzar por ser rápidas, y para las que dan servicios de entrega, que deben cumplir con fechas de entrega record, sino también para el medioambiente.

Cómo contaminan más

Por un lado, la entrega rápida es mucho más contaminante porque se acaban poniendo en juego más medios de transporte. Las tiendas online y las empresas de logística que trabajan para ellas mueven los paquetes como sea necesario para que las cosas lleguen rápido. En países de gran tamaño, como EEUU, esto puede suponer, por ejemplo, meter en una entrega en avión un paquete que de otro modo hubiese circulado en camión y hubiese tenido una huella contaminante menos amplia. Pero además la entrega rápida no solo implica usar más tipos de medios de transporte, sino también poner más camiones en la carretera. Para pode circular a la velocidad necesaria, hay que estar poniendo en marcha el transporte todo el tiempo.

Estos camiones de reparto son también mucho menos eficientes. Con la entrega tradicional, las empresas esperan a tener bien cargados sus camiones para ser eficientes. Estos salen cuando están llenos, en cierto modo haciendo que el viaje merezca la pena. Con la entrega rápida, no se espera a llenar el espacio de almacenaje, sino que se toman decisiones marcadas por el tiempo. Para repartir el mismo número de envíos se requieren más vehículos circulando y por tanto más emisiones contaminantes.

Y, finalmente, también está la cuestión de los desechos. En lugar de concentrar las compras en un embalaje, haciendo que por ejemplo el libro, los calcetines y el disco duro que se acaba de comprar en la tienda online de turno lleguen juntos, la compra se separa en múltiples paquetes. Las cosas van saliendo cuando están para no retrasar a los demás productos de la compra. Y con eso se acaba gastando más cartón y generando más residuos plásticos.

 

FUENTES: Elaboración propia, El País, Vox, Conservation.org

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